11 ago 2010

Vaya tardecita!

Si resisto la tarde de hoy con Angel, mi madre, mi hermana, mis hijos, nuestra perra y la tele, ya puedo decir que tengo una salud mental a toda prueba.
No sé si conoceis la expresion "somos 7 con 17 conversas", es de mi tierra, pero pienso que se entiende. Pues eso tengo aqui hoy, cada uno habla de lo que le apetece sin preocuparse de lo que digan los demás, de todos modos mejor así porque mi madre habla un portugués muy suyo y además esta un poco sorda, al igual que Angel, que aunque tiene unos audífonos casi nunca se los pone (dice que le retumba). Nosotros decimos que lo que retumba es nuestra casa cuando no se los pone y enciende la tele... además no nos atrevemos a decirle nada porque entonces se pasa la tarde subiendo y bajando el volumen y preguntando: "¿Esta alto?"
Hoy venía despistadillo, pues aunque conoce a mi madre hace años, se quedó mirando hasta que mi hijo dijo: "Es mi abuela". Él contestó: "¿Qué abuela?". Luego se llevó las manos a la cabeza, señal de quien acaba de darse cuenta de su despiste.
Yo intentaba comunicar con mi hermana pero de pronto oía, por ejemplo, a mi madre: "¿Se ha ido Angel?"
Mi hijo: "No, esta en el baño"
Mi madre: "Ah! Esta descansando"
...Y asi toda la tarde. Por una parte el casi monólogo de mi madre relatando su reciente operación de cataratas, por otra Angel hablando de su sordera y, mis hijas diciendo que ya que no usa los dos audífonos le puede dar uno a la abuela... Entonces Angel, que no entiende la broma, dice que sí e inicia un diálogo de "sordos" (nunca mejor dicho), que media hora después les llevó a la conclusión de que ambos tienen afectado el oído derecho, aunque el médico les dice que tienen peor el izquierdo.
Mientras, yo decidí ponerme a escribir ante la impotencia de no poder desempeñar mi papel de intérprete, que tantas veces me ha desesperado...      

8 ago 2010

"Ética", asignatura pendiente.

"¿Por onde andará o teu sono?" Decía el mensaje que me envió mi hermana tras su visita de 3 días la semana pasada. Una manera algo poética de preguntar porqué no puedo dormir.
Yo sé porqué el sueño me abandona, es un castigo a mi inactividad fisica, que considero injusto ya que yo estaba muy a gusto con mis diversas actividades.
Añoro el tiempo en que tras una intensa jornada laboral y las tareas del hogar terminadas, seleccionaba el programa televisivo, me tiraba en el sofá y me dormía de imediato. Cuando digo que seleccionaba estoy hablando de los últimos tiempos, cuando ya más o menos vivía sola, porque evidentemente, con todos en casa ni lo intentaba, pues me quedaba sin argumentos ante la evidencia, puesta en juicio por algún miembro de la familia: "Para qué iba a eligir yo el programa si me dormía en los primeros minutos".
Ahora paso las noches en vela y he agotado todas las técnicas recomendadas, menos la de contar ovejitas que me parece un tanto ridícula. Ya dejo vagabundear mis pensamientos por montes y valles, libres como el viento.
Esta noche pasé largo rato trazando planes sobre cómo repartir los 18 votos que me quedan entre los concursantes de los "Blogs 20 minutos"...
Primero se me ocurrió coger 18 letras del alfabeto y elegir un nombre al azar y listo. Pero enseguida oí la voz de mi consciencia diciendo que esa no es mi ÉTICA, y entonces mi mente empezó a desvariar en torno a esta palabra cuyo significado para mí es: "integridad moral". Pero, ¿cuántas éticas hay?
¿Hay una para todos o es que cada persona tiene la suya propia? Hay una ética familiar, religiosa, profesional... ¿Habrá una ética matrimonial? ¡Huy! Eso me trae malos recuerdos... Paso adelante, ¿es que la ética se aprende, o está en los genes? ¿Ó hace falta un poco de los dos ingredientes: el que se hereda y el que aprendemos de nuestros educadores?
Aún recuerdo la polémica sobre el decreto que anulaba la religión como asignatura obligatoria, instaurando la ética como alternartiva, cuando mis hijos iban al colegio, y más recientemente sobre la introducción  de "Educación Ciudadana". Cuando en un sondeo me preguntaron si estaba a favor dije que, aunque ignoraba qué impartía exactamente, no podía ser malo, y me declaré partidaria pensando para mis adentros: "Ojalá consigan que un día dejen de destrozar el mobiliario urbano, que no dejen la plazoleta desbordada de envases de todo tipo y, ya que estamos, que dejen de chillar bajo mi ventana hasta las 5h de la mañana".
Entre las 7h y las 8h decidí que iba a seguir visionando los blogs y que Dios me ayude porque hay  miles. Claro que si yo tuviese un  grupo de blogueros amigos no tendria + que intercambiar con ellos, pues esto es algo asi como el festival de la canción eurovisiva. Da igual lo que canten, ya el mismo comentarista nos va adelantando los votos de cada país.
En resumen, a veces ser íntegro nos complica la vida. En fin, voy a ver si me aclaro con 2  que me gustan bastante, lo que pasa es que me dió por leer sus comentarios y empecé a dudar... Uno me da la mala espina que todo lo ha plagiado, la segunda es una mujer, que defiende sus opiniones con una vehemencia que, a mi ver, roza la impertinencia y es claramente intolerante.
¿Me perdonará mi integridad moral si no voto a alguien cuyo blog me gusta, pero que me cae mal?

2 ago 2010

1 ago 2010

Dios, devuélveme a mi madre

Ese verano 2008, a pesar de mi estado de convalesciente, hemos desarrollado, mis hijas y yo, una actividad frenética.
Por un lado, las innumerables pruebas y citas médicas, por otro atender a Angel y ayudarle en lo posible tras el fallecimiento de su mujer. Luego, a Rosalia que llevaba tiempo compartiendo piso, le entró el gusanillo de buscar algo para comprar, aprovechando la caída del precio de la vivienda y también la ayuda económica por parte de Angel y mía.
Así que nos arrastró a su hermana y a mí, de piso en piso durante un mes. Paralelamente todas las mañanas íbamos a un centro de rehabilitación, al que mis hijas me obligaban a ir andando, convencidas de que en el movimiento estaba mi cura. Se habían transformado en auténticas fisioterapeutas...
Durantes 3 meses acudí a ese centro, cuyo coste exhorbitante no hubiera podido asumir sin la ayuda de Angel, quien insistió en que fuera, convencido él también, en que eso me haría mejorar. No fue así y ahora que lo pienso, lo he pasado muy mal.
Una vez, cruzando mi calle del brazo de Mylena y una muleta en la mano derecha, casi nos atropella una furgoneta, y cuando digo "casi" no exagero nada, puesto que mi hija llegó a dar puñetazos en la chapa mientras gritaba "¡Para, para!". El vehículo no tenía luna trasera, sino chapa, y salía de la calle marcha atrás. Yo lo ví venir pero mi garganta se negó a emitir el menor sonido, lo cual tampoco hubiera ayudado, ya que mis pies quedaron automáticamente pegados al suelo.
Mylena hablaba y al mirarme y ver mi expresión, solo tuvo que seguir mi mirada al tiempo que alguien desde la acera gesticulaba al conductor. Todo quedó en un susto y el recuerdo de estas palabras de mi hija en su estilo bromista, pero en este caso una gran verdad: "Has visto mami, que me hubiera dejado aplastar antes de soltarte". 
Otro día nos topamos con un exhibicionista, quien al ver que no podíamos escapar, se plantó a unos 30 metros de nosotras en nuestro camino, con los pantalones bajados y soltando toda clase de obscenidades. Esta vez fui yo quien dijo una frase que sorprendió a mi hija por inusual en mí y que no voy a repetir... Enfin, ni mis hijos ni yo olvidaremos las mil peripecias derivadas de mi enfermedad.
En septiembre ya sabía q tenía ELA pero me negaba a indagar sobre el tema, aunque me daba cuenta de que ellos sí buscaban.
El día que recibí la llamada de Canal Sur radio, preguntando si iba a volver, les dije que sí y que iría con Mylena para que aprendiera y posteriormente ocupara ella mi lugar. Empezamos en Septiembre y hasta Navidad, cada mañana de 8h a 9h30, teníamos cita con las noticias...
Desde el inicio me dí cuenta de que mi voz estaba tocada, mi discurso se entrecortaba, me faltaba el aire y quiero decir aqui, por si alguien de la plantilla de RTVA lee esto, que no hubiera podido seguir sin  ellos, los técnicos que paliaban mis dificultades y, lo más importante, me animaban, llegando a sorprenderme el cariño que recibía ya que mi intervención era mínima y siempre salía corriendo para otro trabajo.
Por eso nunca olvidaré a Marco, Irene, Pilar, María José, Pedro, Antonio y todos.
En mi memoria quedan también estas palabras de mi hija pequeña una noche en que vino a mi cuarto a ver si estaba bien. Al oír mi voz ronca dijo: "Dios, devuélveme a mi madre".

24 jul 2010

Lolita

Este domingo 25 de julio se cumplen 2 años de la muerte de Lolita, la esposa de Angel.
Cuando él me contrató para cuidarla, ella ya estaba muy deteriorada por la enfermedad de alzheimer. En ese primer verano, después de darle la cena, la vestía y salíamos a dar un paseo por el barrio.
En uno de esos paseos nos cruzamos con mis hijas, que iban paseando a Telma, nuestra perrita, quien al verme corrió a saludarme saltando sobre mis piernas. Entonces Lolita se inclinó muy contenta y dijo claramente: "¡Oh, el perrito!". Fue la única vez que oí su voz.
Ese mismo verano nos ocurrió algo muy desagradable y a la vez insólito. Ibamos por una calle, Lolita que no mantenía el equilibrio sin ayuda, iba del brazo de su marido y yo la sostenía por el otro lado. De pronto sentí que alguien se pegaba a mí por detrás y oí una voz decir: "Señora, suelte el bolso, tengo una navaja". Efectivamente la tenía, y había cortado la correa de mi bolso pero yo lo tenía cogido con la mano y cuando me amenazó, solté a Lolita y le hice frente. Los dos tirábamos del bolso que acabó abriéndose derramando su contenido por el suelo, y al ver mi teléfono móvil, el ladrón lo cogió y salió corriendo.
Lo insólito es que todo esto ocurría en presencia de multitud de personas que, como nosotros, tomaban el fresco en las terrazas.
Mientras yo recogía mi cosas, unos jóvenes habían reaccionado y echado a correr tras el agresor, pero lo que  llamó mi atención fue ver a Angel que también corría en la misma dirección.
Entonces, en medio de todo esto, me acordé de la pobre Lolita, me giré y la ví caminando sola tambaleante y sin rumbo. La alcancé de una carrera, y nos sentamos en el primer banco que ví. Sólo entonces mis nervios cedieron y me puse a llorar como una "Magdalena". Alrededor, la gente comentaba que no era para menos, pero yo lloraba por todo lo que me había pasado en los últimos 3 meses: separación, mudanza, obras en el piso, me habian robado 4 veces... enfin, que me sentía la más desgraciada de la Tierra.
Cuando llegamos a casa y mientras nos tomábamos una infusión, le pregunté a Angel porqué había dejado sola a su mujer. Se quedó extrañado, pues hasta ese momento no se había dado cuenta. Tras una noche de sueño, ya recuperada del susto, casi me atraganto con el café cuando por la mañana en el bar donde desayunaba, me preguntaron si me había enterado de lo sucedido...
A lo largo de los años la fuí conociendo a través de su marido, y juntos fuimos superando las diversas etapas de esta enfermedad, cruel donde las haya.
Ellos no tenían hijos, pero Angel suplía esa carencia estando pendiente de su esposa las 24 horas del dia.
Cuando pude levantarme, tras un mes y medio en la cama, yo había perdido 7 kilos, pero cuando la ví a ella mi corazón se encogió: pálida, extremadamente delgada y la mirada totalmente ausente.
Sabía que se acercaba el fin y hubiera querido estar a su lado los últimos 4 meses. Me pregunto  si me habrá echado de menos.

15 jul 2010

Situaciones: 3 hijos + 1 marido = 6 hijos


Quizás aquella tarde mi marido tuviera algo que hacerse perdonar y por eso decidiera acompañarnos en nuestro paseo diario.
Mi hijo había recibido por sus 10 años el monopatín de sus sueños y en cuanto llegamos a nuestro parque buscamos el sitio adecuado, para que lo disfrutara. Yo me senté en un banco desde donde podía mantener bajo vigilancia a mi grupito, y empecé a hojear una revista.
No habían pasado ni 10 minutos cuando al levantar la mirada veo a mi marido bajando la cuesta a toda velocidad en el monopatin, sus hijos corriendo detrás. Lo que pensé fue "Está loco, ya hemos pasado 2 operaciones de hernias discales, lo que me faltaba es que ahora se cayera".
Les perdí de vista en la curva tras los árboles, y aunque mi impulso fue el de ir a ver, me dije "Qué demonios, están con su padre ".
Pasado un rato, al volver a mirar el camino, el cuadro que se deparó ante mis ojos fue el de un hombre subiendo la cuesta sostenido por un niño de 10 años y una niña de 6. Atrás venía la pequeña de 4 añitos abrazada al monopatín, tras el que quedaba ocultada por completo. Al acercarme supe que era serio por el dolor que reflejaba su cara.
Total, me tocaba correr hasta el porton de salida donde había una cabina de teléfono desde la cual pude llamar un taxi, volver con ellos y emprender la retirada pasando por el hospital donde le confirmaron una fractura de tobilllo y consecuentemente, escayolado, regresamos a casa para cenar.

P. S. Anoche mientras me buscaba unas fotos para este post, me dice mi hija: "Mamá, ¿has visto el comentario de David?"
Como siempre que oigo este nombre, una figura se perfila frente a cualquier otra. La descarté por imposible, y mentalmente, buscaba a un David del entorno sevillano, cuando capté el tono y la mirada de Rosalia. Decia "Mamá, David, nuestro David". Entonces abrí la página y leí algo que "m'a bouleversé et transformé en fontaine" para el resto de la noche.
David, mis recuerdos abrazan los tuyos. Si te asomas por aqui otra vez, dime cómo me has encontrado.

6 jul 2010

Análisis sobre la ELA (Parte 2): El principio del fin


Recuerdo el regreso de Mylena, pues la había echado mucho en falta.
La esperaba en el aeropuerto, un poco apartada de la gente, por miedo a los empujones, mientras Jose estaba lo + cerca posible de la salida. No sé porqué, recuerdo que vestía de blanco y me pareció preciosa.
Nuestras vidas  retomaron el curso normal, yo mejoré y volví a mis actividades.
Rosalia se marchó y Mylena continuó sus estudios. Pero algo había cambiado. Mi ritmo ya no era el de antes, me cansaba, tardaba + en hacer mis tareas, caminaba + lentamente...
Mylena cogió la costumbre de pasar por mi trabajo en la radio, al salir de la facultad, para ayudarme y volver juntas a casa.
Aún así, el verano de 2007 decidí cumplir el deseo de mi hija mayor y viajar a Ibiza. Tras consultar con mi compañera de aventuras (aquella que viajaba conmigo cuando llegué al mundo), que como siempre se mostró entusiasmada, hicimos la reserva de vuelo y hotel.
Pasamos una semana formidable, pero en nuestros paseos yo siempre iba unos pasos por detrás y, ni mi hermana ni mi hija, comprendían que esperase sentada en una terraza mientras ellas iban de tiendas.
De vuelta a Sevilla volví a mis consultas médicas, mi trabajo... y asi fue pasando el resto del año.
Había pedido cita con un neurólogo de la S.S. y me tocaba esperar hasta final de febrero. Mientras tanto seguía viendo al Dr. "X" por cuenta privada.
Llegó el día de la consulta en el hospital.
Un neurólogo me examinó detenidamente y después anunció que no coincidía con el Dr. "X" en el diagnóstico de infarto cerebral, ya que las isquemias eran insignificantes y se localizaban en la parte izquierda de mi cerebro, por lo que deberían afectar al lado derecho de mi cuerpo, y no al izquierdo, tal como era mi caso. Con prudencia pronunció la palabra "Parkinson" que nos dejó a mis hijos y a mí consternados. Nos mandó hacer + pruebas y nos despedimos hasta la próxima cita.
Como anédocta os cuento que Rosalia, ni corta ni perezosa, con la intención de buscar comparativas ante la interminable decisión sobre mi diagnóstico, redactó una especie de circular explicando mi caso y tratando de inepto al neurólogo que me había visto durante meses. La envió a varios especialistas entre los cuales estaba el "inepto", y aunque no decía su nombre, evidentemente se reconoció en la descripción, tanto + que el artículo lo firmaba ella con su nombre y apellido.
El dia 14 de marzo a las 6h de la mañana, como cada día me levanté dispuesta a empezar mi jornada laboral, pero ese día la rutina se rompió al mismo tiempo que la vertebra L.12 de mi columna vertebral.
Estaba haciendo mi cama cuando perdí el equilibrio y caí vertiginosamente de espaldas contra la pared, como si un enemigo invisible me hubiera empujado violentamente.
Oí el estruendo del golpe y ya en el suelo, mientras luchaba contra el desmayo, supe que me había roto algo. Estaba en el trabajo y sabía que tenía que levantarme del suelo como fuera y sin demora. Estudié la forma de darme la vuelta hasta quedar boca abajo, deslizando hasta tener los pies contra el ropero, apoyando los brazos en la cama y haciendo palanca hasta quedar de rodillas.
Luego tomé aliento e impulso, me incorporé, cogí el móvil de la mesita, llamé a mi hija, salí de la habitación, desperté a Angel para que llamara a una compañera y, cuando llegaron mi hija y el novio, nos fuimos al hospital, de donde regresamos 6 horas después en camilla y en ambulancia.
Esa fue mi última noche de trabajo... y el principio del fin.