20 may 2011

Catástrofe (al natural)


Al ver las imágenes de los destrozos causados por el seísmo en Lorca y principalmente la expresión de desamparo en los rostros de los damnificados, recuerdo una experiencia personal que voy a relatar, además por el primordial motivo que siempre me empuja: ocupar mi mente y matar el tiempo.
También para mis hijos, pues creo que nunca se lo conté...
Fue durante las inundaciones de noviembre de 1967 en Lisboa. Mi tía y madrina tenía un restaurante en Estoril frente al mar y durante mi adolescencia solía pasar los veranos echando una mano, y de paso me hacia un dinerillo con las propinas y disfrutaba de la playa por la tardecita (cuando tenía un rato libre).
Aquel año me quedé hasta las navidades porque mi tía estaba embarazada y daría a luz a principios de diciembre. Ya tenía una niña de 5 años y necesitaba ayuda. Además ese año había un problema con otra de mis tías, hermana menor de esta, y especifico, ambas hermanas de mi madre. Irene había emigrado a Francia precipitadamente por motivos políticos relacionados con su marido y tuvo que dejar al bebé que tenía con sus suegros. Cuando tuvo posibilidad, tramitó los documentos para que otra de las hermanas le llevara a su hijo, pero llegado el momento los abuelos se negaron a entregar el niño. Aquello fue un drama para mi tía Irene que entonces ya tenía otro bebé de pocos meses. La rabia hizo que se montara en el tren con el pequeño, se presentara en casa de los suegros, cogiera a su hijo y viniera a casa de su hermana.
Todos los documentos habían caducado y tardó meses en conseguir pasaportes y demás. Estaba algo depresiva por toda la situación y tenía que hacerse aceptar por su hijo de 3 años que no la conocía... Lo que sé es que faltaban manos para ocuparse de 3 niños y un restaurante, y que el pequeño Carlos acababa siempre en mis brazos, y nos hicimos inseparables este primito de menos de un año nacido en tierras extranjeras y yo.
Aquella noche tras la cena bajé con los niños a la planta baja, una especie de semisótano donde se ubicaba parte de la vivienda, mientras mis tías despedían a los últimos clientes y esperaban a mis padres, que casualmente, venían a la capital a reunirse con las hermanas de mi padre por asuntos de familia.
Había llovido todo el día y me preocupaba el retraso de mis padres que viajaban en autocar... Acosté a Carlos y me quedé viendo la tele con Isabel y Paulo que se durmieron en el sofá.
La tele empezó a fallar y en el silencio oí como un ruido de gotera, no una, sino varias. Tras comprobarlo subí a avisar y a coger unos cubos. Cuando volví a bajar, el ruido ya no era de goteras sino más bien de cascada...
El agua entraba a chorros por las ventanas y mis pies pisaban un charco... Asustada corrí a despertar a mis primos, fui a coger al bebé que dormía en otra habitación y nos lanzamos escaleras arriba, mientras el piso se inundaba totalmente, y lo peor es que el agua ya bajaba también por la escalera, entrando por la puerta principal.
Mis tías y mis padres, que llegaron en pleno caos, se esforzaban inútilmente en barrer el agua hacia afuera, hasta que se dieron cuenta de que nadie podría detener aquello y empezaron a poner en las estanterías más altas las cosas más importantes ó valiosas.
De pronto, mi tía Irene nos miró a sus hijos y a mí, y recordó que todos los documentos que por fin había logrado reunir estaban abajo... Como loca bajó a la planta inferior donde el agua le llegaba casi a la cintura, la vi girar en el pasillo y le gritaba: "¡Date prisa!". Tenía miedo de que no le diera tiempo pero al ratito apareció alzando el bolso en sus manos como un trofeo. Los niños y yo fuimos los primeros en salir de la casa seguidos a los 15 minutos del resto de la familia, momento en que el agua había alcanzado ya 1 metro de altura en la planta de arriba y, por supuesto, anegado por completo el piso inferior.
Ya en la calle fue cuando nos dimos cuenta de que había gente corriendo y pidiendo ayuda, pero solo a la mañana siguiente nos enteramos de las dimensiones de la catástrofe (más de 400 víctimas mortales)
Por suerte mi tía Adilia tenía otra vivienda y su marido un taller de fontanería, y pudieron hacer frente a la situación. Por cierto, él formaba parte del cuerpo de bomberos voluntarios de Estoril y aquella noche la pasó socorriendo a la gente, ajeno a lo que sucedía en su propia casa.
Mis padres se fueron al día siguiente. Era la primera vez que mi madre venía a la capital y desde luego no lo ha olvidado.
Irene se fue a Francia con sus hijos esa misma semana, y yo me quedé hasta que nació mi prima Teresa.
El verano siguiente también lo pasé en Lisboa pero, esta vez, hospitalizada a consecuencia de un accidente de tráfico...

29 abr 2011

Pensamientos

Tengo que hacer una pequeña introducción a este poema, porque no quiero dar la falsa imagen de una Adilia llorona y lúgubre...
Por otra parte tampoco me gusta aparentar lo que no siento ni ocultar la realidad ó fingir que no existe...  Ni recrearme en ella... Sólo son pensamientos...



Quiero morir en otoño,
un día al alborar,
caer en profundo sueño
y nunca más  despertar.
Dormida en profundo sueño,
eternamente soñar
Volar en alas del viento,
Lejos, muy lejos de aquí
Pasear por los lugares
que llevo dentro de mí,
veloz como el pensamiento, 
alcanzar en un momento
la tierra donde nací.
Retroceder en el tiempo,
y regresar a la nada,
hundida en profundo sueño,
bajo la tierra mojada,
de fina lluvia de otoño,
en la llanura arbolada.

22 abr 2011

Noche


La noche es mi confidente,
Silenciosa... Callada...
Me escucha atentamente,
Y jamás repite nada.

Hay un sutil encanto,
De noche en cada hora,
Mi alma suspira y llora,
La noche entiende mi llanto.

A veces, ya de mañana
A veces de madrugada,
Se desvanece en la sombra,
Silenciosa... Callada...

11 abr 2011

París - Santiago - Vigo - Sevilla

Llamada matinal a Jon que anoche aterrizó en Santiago de Compostela por motivos que quizás un día sean objeto de una entrada en este blog pero que, de momento, prefiero mantener en el ámbito de lo privado.
Resulta que alquiló un coche por internet para desplazarse a Vigo, hoy a primera hora. Lo primero que dijo, con su peculiar naturalidad, me hizo soltar una carcajada... Parece que tuvo que aparcar en un lugar exiguo y salir por la puerta del copiloto. El problema surgió cuando quiso volver a entrar y se dió cuenta de que la única puerta que obedecía a abrir era precisamente esa del conductor por donde no había podido salir y, por lo tanto, tampoco podría entrar... Entonces recordó que algo le habían dicho sobre la llave. Luego nos enteraremos cómo lo resolvió...
Esto me recuerda a un montón de historias de llaves, la última hace apenas unos días. Era por la tarde y estabamos Mylena, José, el abuelo de adopción (cómo no) y yo. En un momento dado José salió a comprar algo y mi hija fue detrás para que se llevara a nuestra perra. Entonces un golpe de aire cerró la puerta dejándoles fuera sin llave... Yo no puedo abrir y Angel no oye el timbre así que durante un buen rato me han vuelto loca con los timbrazos, mientras Angel veía serenamente la tele. Finalmente se les ocurrió gritar por la ventana abierta y lograr que el abuelo se enterara (señalo que en uno de los emails que les envío de vez en cuando decía: "Acostumbraos a no salir sin llave").
Ya tengo el desenlace de la historia del coche...
Resulta que mientras nuestro viajero estudiaba la manera de salir de allí y se planteaba llamar al Rent a car, apareció la policía local a multar y retirar los vehículos inadecuadamente aparcados, entre los cuales estaba el suyo. Entonces, tras varios intentos fallidos empujando, los agentes tuvieron la idea de parar a un niño que pasaba con su madre y pedirle que se colara por la estrecha apertura entre la pared y la puerta.
Una vez más Jon salió sin daños ni perjuicios de una embarazosa situación, y nosotros pudimos disfrutar de su insuperable relato.
Me queda añadir que este viaje tenía como única finalidad conocer a una amiga enferma de ELA... Y que regresó encantado...
Un beso para ella.

26 mar 2011

Una mala noche

 ¡Vaya cagada de noche y cómo empieza el día, madre mía..!
Ayer me fui a la cama a las 19h00 porque venía Rocío, la chica que desde hace algún tiempo, viene un día a la semana a hacerme acupuntura. Ni yo misma sé porqué, ya que nunca creí en otra medicina que la tradicional... Es como si no tuviese voluntad propia o me diera igual de todo.
Fue Rosalia, una vez más, la promotora de esta nueva invención, y yo me dije: "Si no me hace bien, tampoco me hará daño, y no me iré de este mundo sin saber lo que es". El caso es que Rocío es una persona muy agradable y sencilla, involucrada en lo que hace y sea por lo que sea, llevo un par de semanas mejor de la respiración, aguanto más tiempo sin la máscara y parece que me cuesta menos tragar los alimentos, aunque las ganas de comer son las mismas, es decir ninguna.
Anoche, tras la sesión de acupuntura, cené un aguacate y un poco de puré de fruta. Mylena me cepilló los dientes, me colocó todo el arsenal respiratorio, el timbre, cojínes y demás y me acomodé para dormir...
Sobre las 2 de la mañana tuve que llamar a Rosa porque la mascarilla se había movido y se salía el aire. Ella me la volvió a colocar perfectamente, pero a los 15 min ya me dolía horriblemente una herida que tengo en la nariz, cuya causa no me explico ya que llevo más de un año utilizando este modelo de mascarilla nasal... Total, aunque no quería molestar otra vez a mi hija, me decidí a pulsar el timbre y entonces me dí cuenta de que con la maniobra anterior debimos desplazarlo sin darnos cuenta y no podía alcanzarlo. Menos mal que mis vanos intentos volvieron a mover todo el sistema y me encontré con el anterior problema de fuga de aire pero sin dolor y así pasé el resto de la noche, durmiendo a ratos, sabiendo de sobra que la única huésped de la residencia esperaría mi llamada para levantarse...
Mi cuarto mira al este y me gusta dormir con la ventana abierta y la persiana levantada, asi que sobre las 8h00  tenía el sol en la esquina izquierda de la ventana dandome de lleno en la cara, y durante más de una hora se fue desplazando hacia arriba y a la derecha encandilandome literalmente e impidiéndome abrir los ojos, y mucho menos ver el reloj...
Cuando pude mirar, ya eran las 9h30 y pensé que Mylena no tardaría en llamar por teléfono...
Finalmente alguien tuvo la genial idea de llamar al móvil de mi bella durmiente que apareció desolada diciendo que había tenido una mala noche con los dolores menstruales y las 2 pastillas que se tomó eran las culpables de que no se hubiese despertado antes... Totalmente verídico porque suele pasarle, aunque no es menos cierto que igualmente se duerme sin motivo, no solo ella sino también sus hermanos...
Yo no sé qué les pasa a los jóvenes de hoy que siempre tienen sueño. ¿¿Será el clima?? ¿Ó la mala costumbre de acostarse a las quinientas? También pueden ser los genes paternos, en nuestro caso...
Ayer escuché a Penélope Cruz decir en una entrevista que su hermana, en una ocasión, había dormido de una sola vez desde el viernes hasta el lunes!! Me lo creí porque el padre de mis hijos, una vez en que exasperada dije que no era su madre y que no volvería a despertarle, estuvo durmiendo DOS DÍAS con sus dos noches enteritas, mientras nosotros hacíamos una vida normal en la misma casa... Difícil de creer pero absolutamente cierto.

14 mar 2011

Adiós

Digo adiós a los trigales
de mi Alentejo dorado
Adiós mi pequeño pueblo
todo de blanco pintado

Adiós rebaño de ovejas,
Adiós pastor, adiós prado
Adiós lluvias de invierno
Adiós primavera en flor

Promesas de amor eterno
...Adiós mi primer amor


Adiós montañas nevadas
Adiós arenas del mar,

y costas acantiladas
Adiós al verde pinar

Adiós aguas de los ríos
Embarcaderos y puentes
Adiós, todos los navíos
Adiós valles, adiós montes.

Adiós calles empedradas
de los barrios de Lisboa,
Alfama y mouraria,
Barrio alto y madragoa.

Adiós Tajo y Guadiana
Adiós Guadalquivir
Adiós Parque de Doñana
Adiós la Feria de Abril

Vestidos de sevillana
Abanico y mantilla
Adiós puente de Triana
Adiós paseos por Sevilla

Adiós palabras de amor
Adiós besos y abrazos
Volver a escuchar mi voz
Oir el son de mis pasos

Adiós juventud pasada
Adiós mis mejores años
Adiós infancia olvidada
Adolescencia perdida

Ilusiónes y desengaños...
Digo adiós a la vida...

4 mar 2011

¿¿¿Donde estan mis zapatillas???


No sé yo si lo que se me ocurre hoy como tema será del agrado de mi familia... Pero puede que comprendan que a mí me sirve de terapia y también cabe la posibilidad de que al ver mis observaciones publicadas (si es que pasan la censura...) reconozcan que NO exagero y hagan un poco más de esfuerzo por mantener un cierto orden dentro del caos en que se ha transformado mi hogar... Aunque tengo mis dudas, ya que los emails que les envío no surten efecto y los folios pegados en el espejo de mi cuarto y en la puerta del frigorífico, pasan a formar parte de la decoración sin más transcendencia que los platos en el platero... (que, por cierto, no sé yo cuantos quedarán).
La  frase que más oigo en el día es: "¿Dónde está...?"
Siempre tienen los objetos extraviados: "¿Dónde está el fiso... Las gafas de mamá... El ratón... El azúcar...? Etc,etc,etc."


Es como si hubiera retrocedido en el tiempo y volviera a tener en casa a 3 adolescentes, con la diferencia de que ahora yo no puedo ir detrás poniendo cada cosa en su sitio... Luego se echan las culpas unos a otros olvidando completamente que soy quien mejor conoce los defectos y habilidades de cada uno...
Puedo parecer ingrata pero no creo que lo sea... Sé muy bien cuánto estan sacrificando para estar conmigo y cuánto sufren de verme así... Y trato de compensarles y dar lo minimo posible de trabajo...
Aún así, ¿¿tan difícil es apagar las luces, cerrar las puertas de los armarios (el del baño siempre está a medio cerrar), doblar la colcha, en vez de formar una bola con ella, y que a la mañana siguiente tenga yo que escuchar las quejas (justificadas) de quien le toque hacer la cama??
En fin... El caso es que no soporto el desorden ni la dejadez, ni las prisas, y no es ahora porque sea mayor, siempre fui así. Creo que fue Rosalia la que le preguntó un día a  mi madre si eso era cierto, y la abuela le dijo que otros defectos tendría, pero ni desordenada ni perezosa era.
Lo cierto es que nunca es buen momento para caer enferma pero a mí me tocó justo cuando me preparaba a disfrutar un poco de mi tiempo y descansar, ya que la pequeña de la familia acababa sus estudios...
Ahora tienen sus casas donde casi nunca pueden estar... Y yo... Bueno, pienso que si de verdad existe un Dios padre, desde luego no trata por igual a todos sus hijos.