21 jul 2011

Mylena y la cucaracha gigante


- "Ay mamá, lo que me ha pasado... Pues fijate que al salir de aquí, ya sabes que yo no puedo presentarme en el master, bueno en ningún lugar, sin arreglarme (mis maquillajes, perfumes, etc.). Antes muerta que sencilla... Ay bueno, a lo que iba, que me pierdo: voy corriendo a mi casa y cuando voy a meter la llave, HORROR..."  
(Yo pensé: Ea, se encontró la cerradura forzada, le han robado ó qué sé yo...)
- "...Un bicho ENORME agazapado en la puerta, una cucaracha gigante justo entre la parte superior y la cerradura. Me quedé paralizada, no podia llamar a Jose porque estaba trabajando lejos ese dia!! Pues mira, solo me quedaba una opción. Aunque no conozco muy bien a los vecinos, ya que nunca estoy en casa, no tuve más remedio que pedir ayuda  ^-^" Ya mamá, es una verguenza, lo sé pero es superior a mis fuerzas. No lo puedo evitar, qué quieres que le haga!! Pues me abrió un señor mayor y con una escoba la mató... Sí, se meaba de risa."
Esto le sucedió a Mylena que a lo tonto a lo tonto lleva 3 años en su propia casa con su novio.

23 jun 2011

De amor y traición

  
Pasadas en desventura,
tantas horas malgasté,
lágrimas de amargura,
tantas que por tí lloré...

Ahora estoy de amor ausente,
Ya no te quiero a mi lado,
Hoy tengo otro presente, 
tú solo eres pasado...

Cuando en sueños me apareces 
Vuelve el dolor a mi pecho 
Siento el deseo malvado
De hacerte pagar con creces 
Todo el daño que me has hecho
Verte en el suelo arrastrado...

Más tarde,           cuando despierto
Recuerdo el tiempo pasado 
De mentiras y traición

Me hiciste daño, es bien cierto
Pero ya te he perdonado

          Sin que me pidas perdón

Puedes seguir tu camino 
Tranquilo, como si nada

Marcado estaba el destino 

Mi vida estaba trazada

30 may 2011

Por mucho que pase el tiempo...



Por mucho que pase el tiempo
Siempre queda en la memoria
La cadena de recuerdos
Que forma nuestra historia

Y en cada eslabón
Hay una fotografía
Una voz, una canción
Una simple melodía

Hay la sonrisa de un niño
Hay una dulce mirada
Hay la fuerza de una mano
A la nuestra entrelazada

Hay ternura y emoción
Y aquel primer amor
El fuego de una pasión
Que a veces causa dolor

Cadena de sentimientos
Que son toda nuestra vida
Secuencia de momentos
Traición que nunca se olvida

Ausencia y añoranza
Pena y alegría
El soplo de una esperanza
Que renace cada día

20 may 2011

Catástrofe (al natural)


Al ver las imágenes de los destrozos causados por el seísmo en Lorca y principalmente la expresión de desamparo en los rostros de los damnificados, recuerdo una experiencia personal que voy a relatar, además por el primordial motivo que siempre me empuja: ocupar mi mente y matar el tiempo.
También para mis hijos, pues creo que nunca se lo conté...
Fue durante las inundaciones de noviembre de 1967 en Lisboa. Mi tía y madrina tenía un restaurante en Estoril frente al mar y durante mi adolescencia solía pasar los veranos echando una mano, y de paso me hacia un dinerillo con las propinas y disfrutaba de la playa por la tardecita (cuando tenía un rato libre).
Aquel año me quedé hasta las navidades porque mi tía estaba embarazada y daría a luz a principios de diciembre. Ya tenía una niña de 5 años y necesitaba ayuda. Además ese año había un problema con otra de mis tías, hermana menor de esta, y especifico, ambas hermanas de mi madre. Irene había emigrado a Francia precipitadamente por motivos políticos relacionados con su marido y tuvo que dejar al bebé que tenía con sus suegros. Cuando tuvo posibilidad, tramitó los documentos para que otra de las hermanas le llevara a su hijo, pero llegado el momento los abuelos se negaron a entregar el niño. Aquello fue un drama para mi tía Irene que entonces ya tenía otro bebé de pocos meses. La rabia hizo que se montara en el tren con el pequeño, se presentara en casa de los suegros, cogiera a su hijo y viniera a casa de su hermana.
Todos los documentos habían caducado y tardó meses en conseguir pasaportes y demás. Estaba algo depresiva por toda la situación y tenía que hacerse aceptar por su hijo de 3 años que no la conocía... Lo que sé es que faltaban manos para ocuparse de 3 niños y un restaurante, y que el pequeño Carlos acababa siempre en mis brazos, y nos hicimos inseparables este primito de menos de un año nacido en tierras extranjeras y yo.
Aquella noche tras la cena bajé con los niños a la planta baja, una especie de semisótano donde se ubicaba parte de la vivienda, mientras mis tías despedían a los últimos clientes y esperaban a mis padres, que casualmente, venían a la capital a reunirse con las hermanas de mi padre por asuntos de familia.
Había llovido todo el día y me preocupaba el retraso de mis padres que viajaban en autocar... Acosté a Carlos y me quedé viendo la tele con Isabel y Paulo que se durmieron en el sofá.
La tele empezó a fallar y en el silencio oí como un ruido de gotera, no una, sino varias. Tras comprobarlo subí a avisar y a coger unos cubos. Cuando volví a bajar, el ruido ya no era de goteras sino más bien de cascada...
El agua entraba a chorros por las ventanas y mis pies pisaban un charco... Asustada corrí a despertar a mis primos, fui a coger al bebé que dormía en otra habitación y nos lanzamos escaleras arriba, mientras el piso se inundaba totalmente, y lo peor es que el agua ya bajaba también por la escalera, entrando por la puerta principal.
Mis tías y mis padres, que llegaron en pleno caos, se esforzaban inútilmente en barrer el agua hacia afuera, hasta que se dieron cuenta de que nadie podría detener aquello y empezaron a poner en las estanterías más altas las cosas más importantes ó valiosas.
De pronto, mi tía Irene nos miró a sus hijos y a mí, y recordó que todos los documentos que por fin había logrado reunir estaban abajo... Como loca bajó a la planta inferior donde el agua le llegaba casi a la cintura, la vi girar en el pasillo y le gritaba: "¡Date prisa!". Tenía miedo de que no le diera tiempo pero al ratito apareció alzando el bolso en sus manos como un trofeo. Los niños y yo fuimos los primeros en salir de la casa seguidos a los 15 minutos del resto de la familia, momento en que el agua había alcanzado ya 1 metro de altura en la planta de arriba y, por supuesto, anegado por completo el piso inferior.
Ya en la calle fue cuando nos dimos cuenta de que había gente corriendo y pidiendo ayuda, pero solo a la mañana siguiente nos enteramos de las dimensiones de la catástrofe (más de 400 víctimas mortales)
Por suerte mi tía Adilia tenía otra vivienda y su marido un taller de fontanería, y pudieron hacer frente a la situación. Por cierto, él formaba parte del cuerpo de bomberos voluntarios de Estoril y aquella noche la pasó socorriendo a la gente, ajeno a lo que sucedía en su propia casa.
Mis padres se fueron al día siguiente. Era la primera vez que mi madre venía a la capital y desde luego no lo ha olvidado.
Irene se fue a Francia con sus hijos esa misma semana, y yo me quedé hasta que nació mi prima Teresa.
El verano siguiente también lo pasé en Lisboa pero, esta vez, hospitalizada a consecuencia de un accidente de tráfico...

29 abr 2011

Pensamientos

Tengo que hacer una pequeña introducción a este poema, porque no quiero dar la falsa imagen de una Adilia llorona y lúgubre...
Por otra parte tampoco me gusta aparentar lo que no siento ni ocultar la realidad ó fingir que no existe...  Ni recrearme en ella... Sólo son pensamientos...



Quiero morir en otoño,
un día al alborar,
caer en profundo sueño
y nunca más  despertar.
Dormida en profundo sueño,
eternamente soñar
Volar en alas del viento,
Lejos, muy lejos de aquí
Pasear por los lugares
que llevo dentro de mí,
veloz como el pensamiento, 
alcanzar en un momento
la tierra donde nací.
Retroceder en el tiempo,
y regresar a la nada,
hundida en profundo sueño,
bajo la tierra mojada,
de fina lluvia de otoño,
en la llanura arbolada.

22 abr 2011

Noche


La noche es mi confidente,
Silenciosa... Callada...
Me escucha atentamente,
Y jamás repite nada.

Hay un sutil encanto,
De noche en cada hora,
Mi alma suspira y llora,
La noche entiende mi llanto.

A veces, ya de mañana
A veces de madrugada,
Se desvanece en la sombra,
Silenciosa... Callada...

11 abr 2011

París - Santiago - Vigo - Sevilla

Llamada matinal a Jon que anoche aterrizó en Santiago de Compostela por motivos que quizás un día sean objeto de una entrada en este blog pero que, de momento, prefiero mantener en el ámbito de lo privado.
Resulta que alquiló un coche por internet para desplazarse a Vigo, hoy a primera hora. Lo primero que dijo, con su peculiar naturalidad, me hizo soltar una carcajada... Parece que tuvo que aparcar en un lugar exiguo y salir por la puerta del copiloto. El problema surgió cuando quiso volver a entrar y se dió cuenta de que la única puerta que obedecía a abrir era precisamente esa del conductor por donde no había podido salir y, por lo tanto, tampoco podría entrar... Entonces recordó que algo le habían dicho sobre la llave. Luego nos enteraremos cómo lo resolvió...
Esto me recuerda a un montón de historias de llaves, la última hace apenas unos días. Era por la tarde y estabamos Mylena, José, el abuelo de adopción (cómo no) y yo. En un momento dado José salió a comprar algo y mi hija fue detrás para que se llevara a nuestra perra. Entonces un golpe de aire cerró la puerta dejándoles fuera sin llave... Yo no puedo abrir y Angel no oye el timbre así que durante un buen rato me han vuelto loca con los timbrazos, mientras Angel veía serenamente la tele. Finalmente se les ocurrió gritar por la ventana abierta y lograr que el abuelo se enterara (señalo que en uno de los emails que les envío de vez en cuando decía: "Acostumbraos a no salir sin llave").
Ya tengo el desenlace de la historia del coche...
Resulta que mientras nuestro viajero estudiaba la manera de salir de allí y se planteaba llamar al Rent a car, apareció la policía local a multar y retirar los vehículos inadecuadamente aparcados, entre los cuales estaba el suyo. Entonces, tras varios intentos fallidos empujando, los agentes tuvieron la idea de parar a un niño que pasaba con su madre y pedirle que se colara por la estrecha apertura entre la pared y la puerta.
Una vez más Jon salió sin daños ni perjuicios de una embarazosa situación, y nosotros pudimos disfrutar de su insuperable relato.
Me queda añadir que este viaje tenía como única finalidad conocer a una amiga enferma de ELA... Y que regresó encantado...
Un beso para ella.