Por fin en la casa. Un sitio tranquilo donde no faltaba la comodidad de los servicios imprescindibles. Nos instalamos y por fin pude mirar atentamente la boca de mi hija, estaba claro que no podían ser las muelas... Cuando conseguí que abriera la boca, le vi las llagas, pobrecilla, normal que se quejara tanto. La curé con betadine, sin mucha esperanza, pero funcionó... Inmediatamente nos hicimos con una rutina, y pasamos la primera semana de maravilla, pero ¡ay!, mi padre empezó con un dolor, llamé al médico que me dijo que volvería al dia siguiente, y una noche se puso tan mal que tuvo que ingresar en el hospital más cercano. Hay que tener mala pata...
Los niños disfrutaban, pero mis padres y yo esa semana estuvimos inquietos y preocupados, el médico venía todos los días, aunque según Toñy venía a verme a mí... Vaya... Como si no viera a los niños que solo podían ser míos. El caso es que un dia me invitó a cenar, poniéndome en el apuro de rechazar diplomáticamente. Nos había sido de gran auxilio.
El último dia fuimos a la playa temprano, nos despidimos con mucha pena de Toñy que volvió a Sevilla, y recogimos nuestras cosas. Había quedado con una de mis hermanas, Ana, que vivía muy cerca, en pasar la noche en su casa y el dia siguiente bajaba mi hermana gemela desde el centro del país, con el plan de pasar dos semanas en su casa. Todo magníficamente planificado... Peeeeero, a la hora citada, Ana no aparecía, no contestaba al teléfono y mientras oscurecia pasamos de las críticas de mi madre a una gran preocupación. ¿Como se nos iba a ocurrir que se pondría de parto?? Hay que tener mala pata!! Jejeje!!
Por fin vino su marido y otra vez sola en casa ajena...
Al dia siguiente fuimos a ver a la mamá con su bebé. Después ya todo fue como previsto.
Creo que a fin de cuentas, fue divertido.
FIN.
7 jun 2012
4 jun 2012
Vacaciones (Parte II)
Cuando bajamos del avión en Sevilla hacía más de 40 grados. Por un momento me arrepentí de haber venido, pero ya era tarde.
Recogimos las maletas y nos acomodamos en el coche de mi cuñada que vino a recibirnos. El viaje de unos 30 km hasta el poblado donde vivían mis suegros, me pareció ese dia la travesía del desierto. En fin, pasamos la primera noche como se pudo en un cuarto sin ventana y una casa herméticamente cerrada para impedir la entrada de los mosquitos.
Al día siguiente mi suegro se sintió mal y desde el ambulatorio más cercano le trasladaron a Sevilla donde quedó ingresado, así que me quedé sola con mis hijos en medio de la nada, sin teléfono, ni una tienda donde comprar algo para los niños e improvisando las comidas con lo que había en la casa.
Lo peor fue cuando al caer la noche se llenó la casa de mosquitos. ¡Nunca había visto una cosa así! (luego supe que había que cerrar puertas y ventanas antes de que llegara la avalancha de insectos). La hora coincidía con el único momento del día en que había un poco de aire fresco. Se me ocurrió untar a los niños con vinagre y aplicar en las picaduras la pomada que llevaba en mi botiquín de viaje.
El día se pasó de la misma forma, me quedaba otra noche y no veía la hora de irme de allí.
Esa última noche mi niña pequeña empezó a quejarse de la boca y no dormía, y repetía: "Agua, agua..." Pensé que le estaba saliendo una muela... En fin, amanecimos agotadas, recogí nuestras cosas, pasamos por el hospital a despedir a los abuelos y junto con una sobrina de mi marido, que se había unido a la estancia de la playa, Toñy, una chica de 17 años encantadora, cogímos el autocar para Ayamonte donde tenía cita con mis padres para que me ayudaran a cruzar el río (entonces no había puente).
A punto estuvimos de reenviar a Toñy, la prima, de vuelta a Sevilla. Se dejó el bolso con sus documentos en el autocar, por suerte era la terminal y le dije: "Corre por si está esperando en la parada de salida". Qué alivio cuando la ví volver con el bolso, mientras Rosalía se cayó de boca jugando en la plaza y le salió un bulto enorme en la frente.
Este fue el cuadro que se encontraron mis padres. Tocaba volver a coger el barco, cruzar el Guadiana, con identificación en ambos márgenes y control de aduana en Portugal (parece que hace una eternidad que no existen esos trámites...), luego coger otro autocar hasta la urbanización vacacional.
Una odisea... Más de uno estará pensando que estaba loca...
CONTINUARÁ...
Recogimos las maletas y nos acomodamos en el coche de mi cuñada que vino a recibirnos. El viaje de unos 30 km hasta el poblado donde vivían mis suegros, me pareció ese dia la travesía del desierto. En fin, pasamos la primera noche como se pudo en un cuarto sin ventana y una casa herméticamente cerrada para impedir la entrada de los mosquitos.
Al día siguiente mi suegro se sintió mal y desde el ambulatorio más cercano le trasladaron a Sevilla donde quedó ingresado, así que me quedé sola con mis hijos en medio de la nada, sin teléfono, ni una tienda donde comprar algo para los niños e improvisando las comidas con lo que había en la casa.Lo peor fue cuando al caer la noche se llenó la casa de mosquitos. ¡Nunca había visto una cosa así! (luego supe que había que cerrar puertas y ventanas antes de que llegara la avalancha de insectos). La hora coincidía con el único momento del día en que había un poco de aire fresco. Se me ocurrió untar a los niños con vinagre y aplicar en las picaduras la pomada que llevaba en mi botiquín de viaje.
El día se pasó de la misma forma, me quedaba otra noche y no veía la hora de irme de allí.
Esa última noche mi niña pequeña empezó a quejarse de la boca y no dormía, y repetía: "Agua, agua..." Pensé que le estaba saliendo una muela... En fin, amanecimos agotadas, recogí nuestras cosas, pasamos por el hospital a despedir a los abuelos y junto con una sobrina de mi marido, que se había unido a la estancia de la playa, Toñy, una chica de 17 años encantadora, cogímos el autocar para Ayamonte donde tenía cita con mis padres para que me ayudaran a cruzar el río (entonces no había puente).
A punto estuvimos de reenviar a Toñy, la prima, de vuelta a Sevilla. Se dejó el bolso con sus documentos en el autocar, por suerte era la terminal y le dije: "Corre por si está esperando en la parada de salida". Qué alivio cuando la ví volver con el bolso, mientras Rosalía se cayó de boca jugando en la plaza y le salió un bulto enorme en la frente.
Este fue el cuadro que se encontraron mis padres. Tocaba volver a coger el barco, cruzar el Guadiana, con identificación en ambos márgenes y control de aduana en Portugal (parece que hace una eternidad que no existen esos trámites...), luego coger otro autocar hasta la urbanización vacacional.
Una odisea... Más de uno estará pensando que estaba loca...
CONTINUARÁ...
2 jun 2012
Vacaciones (Parte I)
No se puede hablar siempre de ELA, la intrusa que apareció un dia para fastidiarnos la vida...
Yo no podría inventar nada, por eso siempre cuento cosas de mi día a día ó recuerdos del pasado, salvaguardando los más intimos ó aquellos que impliquen malestar para alguien.
Hoy algo me trajo a la memoria unas vacaciones que hice con mis hijos de pequeños, que fueron bastante accidentadas... Los niños tenían 8, 3, y 1 año . El año anterior no viajamos a ver a la familia porque así lo decidí yo, que pese a las ganas de ver a los míos, empezaba a cansarme de esos viajes de dos dias en coche con niños tan pequeños (sin hablar del padre que era casi peor, qué digo: 20 veces peor...)
En fin, ese año mi marido acababa de empezar en un nuevo trabajo y no tenía vacaciones, tampoco estaba nunca en casa... Así que hablé con él y le dije que me iba a Portugal a pasar unos días de playa con los niños y ver a los abuelos. Él me sugirió visitar a sus padres que apenas conocían al mayor, habían visto una vez a Rosalía y nunca a la pequeña... Tampoco es que se murieran de ganas, para mi suegra que tenía varios nietos, solo existían algunos y por supuesto no eran mis hijos. Aún así, hice planes para compaginarlo todo. Empecé por comprar vuelos de ida a Sevilla con vuelta desde Lisboa. Alquilé un lugar en la playa, les pedí a mis padres que se vinieran con nosotros y una vez todo organizado llegó el día.
Fuimos en coche al aeropuerto de Ginebra, facturamos el equipaje y como quedaba tiempo y era la hora de comer, pensamos en comer juntos en el restaurante, para que los niños no lo derramaran todo en el avión. A la hora del embarque, una azafata nos hizo pasar delante de todos y nos acompañó hasta el avión. Todo bien, salvo las caritas de mis 3 niños al ver que empezaron a traer las bandejas del almuerzo y que a ellos nada... "¿Por qué no nos traen a nosotros?" Estaban tan decepcionados que les pedí 1 zumo y un par de cositas para picar.
La escala en Madrid fue caótica, una fila enorme para acceder a las tarjetas de embarque para Sevilla, gente por todas partes, un calor sofocante, ni azafata ni nadie que le importara verme con una niña en brazos, el bolso con lo imprescindible y pendiente de no perder a los otros dos, todo lo contrario, si me salía de la fila inmediatamente cogían mi sitio, así que le dije a Jon que no soltara la mano de su hermana que se tiró al suelo diciendo que estaba cansada. Jon le tiraba de los brazos arrastrándola por el suelo, su bonito vestido tenía el aspecto de una fregona. Finalmente obtuve las tarjetas y corriendo, porque ya era la hora, llegamos a la puerta de embarque para ver que el vuelo se retrasaba 40 minutos, por fin sentados, uuufffffff!!
CONTINUARÁ...
Yo no podría inventar nada, por eso siempre cuento cosas de mi día a día ó recuerdos del pasado, salvaguardando los más intimos ó aquellos que impliquen malestar para alguien.
Hoy algo me trajo a la memoria unas vacaciones que hice con mis hijos de pequeños, que fueron bastante accidentadas... Los niños tenían 8, 3, y 1 año . El año anterior no viajamos a ver a la familia porque así lo decidí yo, que pese a las ganas de ver a los míos, empezaba a cansarme de esos viajes de dos dias en coche con niños tan pequeños (sin hablar del padre que era casi peor, qué digo: 20 veces peor...)En fin, ese año mi marido acababa de empezar en un nuevo trabajo y no tenía vacaciones, tampoco estaba nunca en casa... Así que hablé con él y le dije que me iba a Portugal a pasar unos días de playa con los niños y ver a los abuelos. Él me sugirió visitar a sus padres que apenas conocían al mayor, habían visto una vez a Rosalía y nunca a la pequeña... Tampoco es que se murieran de ganas, para mi suegra que tenía varios nietos, solo existían algunos y por supuesto no eran mis hijos. Aún así, hice planes para compaginarlo todo. Empecé por comprar vuelos de ida a Sevilla con vuelta desde Lisboa. Alquilé un lugar en la playa, les pedí a mis padres que se vinieran con nosotros y una vez todo organizado llegó el día.
Fuimos en coche al aeropuerto de Ginebra, facturamos el equipaje y como quedaba tiempo y era la hora de comer, pensamos en comer juntos en el restaurante, para que los niños no lo derramaran todo en el avión. A la hora del embarque, una azafata nos hizo pasar delante de todos y nos acompañó hasta el avión. Todo bien, salvo las caritas de mis 3 niños al ver que empezaron a traer las bandejas del almuerzo y que a ellos nada... "¿Por qué no nos traen a nosotros?" Estaban tan decepcionados que les pedí 1 zumo y un par de cositas para picar.
La escala en Madrid fue caótica, una fila enorme para acceder a las tarjetas de embarque para Sevilla, gente por todas partes, un calor sofocante, ni azafata ni nadie que le importara verme con una niña en brazos, el bolso con lo imprescindible y pendiente de no perder a los otros dos, todo lo contrario, si me salía de la fila inmediatamente cogían mi sitio, así que le dije a Jon que no soltara la mano de su hermana que se tiró al suelo diciendo que estaba cansada. Jon le tiraba de los brazos arrastrándola por el suelo, su bonito vestido tenía el aspecto de una fregona. Finalmente obtuve las tarjetas y corriendo, porque ya era la hora, llegamos a la puerta de embarque para ver que el vuelo se retrasaba 40 minutos, por fin sentados, uuufffffff!!CONTINUARÁ...
18 may 2012
¡Mis hijos son unos payasos!
Suelo decir que mi hija menor es una payasa, ella lo sabe, así que espero que no se moleste al leer esto y, lo peor, que no se cabree al ver las fotos...
Pobre inocente que no se dió cuenta de mis intenciones cuando deletreé "F-O-T-O", y es que hace mucho tiempo que no reía con tantas ganas, como siempre por cosas que no se hacen o dicen con la intención de hacer reír.
Resulta que su hermana compró una mosquitera blanca para su casa, creo que como decoración, una vez puesta no le gustó así que la trajo aquí por si acaso, cuando vió mi cara de "nanai", la propuso a sus hermanos que inmediatamente empezaron a proponer mil utilidades, a cada cual más disparatada. Se partían de risa, mientras yo pensaba: "Señor, parece que han vuelto a la infancia, ¿qué gracia tendrán las tonterías que estan diciendo..?" Entonces Mylena dijo: "Ya lo tengo, le hago una broma a la prima (mi sobrina se casó el año pasado, luego le prestó el velo de novia a una amiga, y no volvió a verlo, la amiga dice que lo perdió, el caso es que la pobre se llevó un disgusto grande) y le digo, prima he encontrado tu velo, que cosa más rara, ¿cómo pudo perderse en Lisboa y aparecer en Sevilla?"
Ahí, ya se me había contagiado la risa tonta, mientras ella decía: "No, no, pobrecilla mi prima, que cuando vino a la feria hablando de unas cosas y otras, surgió el tema de las bodas, alguien dijo que daba suerte llevar algo prestado cuando te casas y sin darme cuenta ya había dicho: prima a mí me prestas tu velo, soy una bocazas, ea pues me casaré así..."
Y venga a decir: "Con este anillo yo...", "Ya puedes besar a la novia", etc. Y su cara de susto al abrir la mosquitera, que cómica... Casi me asfixio de risa.
A veces me cabreais hijos, pero con vosotros no me hace falta salir, lo tengo todo a domicilio, hasta el circo. Sois unos payasos...
Pobre inocente que no se dió cuenta de mis intenciones cuando deletreé "F-O-T-O", y es que hace mucho tiempo que no reía con tantas ganas, como siempre por cosas que no se hacen o dicen con la intención de hacer reír.
Resulta que su hermana compró una mosquitera blanca para su casa, creo que como decoración, una vez puesta no le gustó así que la trajo aquí por si acaso, cuando vió mi cara de "nanai", la propuso a sus hermanos que inmediatamente empezaron a proponer mil utilidades, a cada cual más disparatada. Se partían de risa, mientras yo pensaba: "Señor, parece que han vuelto a la infancia, ¿qué gracia tendrán las tonterías que estan diciendo..?" Entonces Mylena dijo: "Ya lo tengo, le hago una broma a la prima (mi sobrina se casó el año pasado, luego le prestó el velo de novia a una amiga, y no volvió a verlo, la amiga dice que lo perdió, el caso es que la pobre se llevó un disgusto grande) y le digo, prima he encontrado tu velo, que cosa más rara, ¿cómo pudo perderse en Lisboa y aparecer en Sevilla?"Ahí, ya se me había contagiado la risa tonta, mientras ella decía: "No, no, pobrecilla mi prima, que cuando vino a la feria hablando de unas cosas y otras, surgió el tema de las bodas, alguien dijo que daba suerte llevar algo prestado cuando te casas y sin darme cuenta ya había dicho: prima a mí me prestas tu velo, soy una bocazas, ea pues me casaré así..."
Y venga a decir: "Con este anillo yo...", "Ya puedes besar a la novia", etc. Y su cara de susto al abrir la mosquitera, que cómica... Casi me asfixio de risa.
A veces me cabreais hijos, pero con vosotros no me hace falta salir, lo tengo todo a domicilio, hasta el circo. Sois unos payasos...
12 may 2012
Desde mi cama
En abril aguas mil y en mayo no te quites el sayo.
Este año, una vez más llovió en Semana Santa y en la feria de Sevilla.
Muy a gusto en mi cama, de cuando en cuando tenía un pensamiento solidario para quienes esperan ansiosamente la ocasión de hacer negocio o, porqué no, con los que simplemente van a divertirse, excluidos los que aprovechan la menor distracción para sustraer los móviles de la gente (lo digo por mi pobre hijo a quien robaron el suyo, un teléfono de última generación adquirido en enero... personalmente me escandaliza el precio de esos chismes, pero supongo que formo parte de un grupo en via de extinción...)
Volviendo al tema de la lluvia; qué maravilla estar calentita en la cama, viendo caer chaparrones de agua y escuchando el viento en los árboles, mis árboles, que hace dos semanas tenían las hojas de un verde pálido y triste, se muestran ahora resplandecientes, sus ramas se balancean al viento y se acercan más y más a la ventana, como gigantescos brazos queriendo abrazarme. En esos momentos olvido la razón de porqué estoy tan inactiva y recuerdo la frase tantas veces leída: "Disfruta de los pequeños momentos que la vida te da".
Este año, una vez más llovió en Semana Santa y en la feria de Sevilla.
Muy a gusto en mi cama, de cuando en cuando tenía un pensamiento solidario para quienes esperan ansiosamente la ocasión de hacer negocio o, porqué no, con los que simplemente van a divertirse, excluidos los que aprovechan la menor distracción para sustraer los móviles de la gente (lo digo por mi pobre hijo a quien robaron el suyo, un teléfono de última generación adquirido en enero... personalmente me escandaliza el precio de esos chismes, pero supongo que formo parte de un grupo en via de extinción...)
Volviendo al tema de la lluvia; qué maravilla estar calentita en la cama, viendo caer chaparrones de agua y escuchando el viento en los árboles, mis árboles, que hace dos semanas tenían las hojas de un verde pálido y triste, se muestran ahora resplandecientes, sus ramas se balancean al viento y se acercan más y más a la ventana, como gigantescos brazos queriendo abrazarme. En esos momentos olvido la razón de porqué estoy tan inactiva y recuerdo la frase tantas veces leída: "Disfruta de los pequeños momentos que la vida te da".
6 may 2012
Noches sin sueño
Pensamientos de esos que nos visitan en las noches sin sueño.
Intento retenerlos en mi memoria para compartirlos con todos vosotros.
A algunos les parecerá fatalista, para mí no tiene más trascendencia que el momento.
Intento retenerlos en mi memoria para compartirlos con todos vosotros.
A algunos les parecerá fatalista, para mí no tiene más trascendencia que el momento.
No quiero llanto ni pena,
cuando se acerque mi fin,
quiero a mi gente serena,
que nadie llore por mí.
Sueño la brisa marina,
en el último soplo
de mi respirar.
Sueño por última vez:
bañarme en la playa,
correr, bailar...
Sueño tener a mis pies
las verdes olas del mar.
Sueño guitarras vibrando
y voces cantando
en la despedida.
La luz se va disipando,
como se apaga la vida.
El reloj marca la hora,
asoma la aurora,
nace el alba
fresca y pura,
cae en mi alma
la noche oscura.
25 abr 2012
Observaciones...
Ya me acuerdo...
No queda otra que adaptarse, unos peor, otros mejor...
En el curso de los últimos años en los que paso los dias sentada o acostada, he conocido e imaginado situaciones bastante peores que la mia.
Madres y padres con hijos pequeños, personas solas, o con familias rotas... También pienso en la situación del país, los que se han quedado sin casa por la crisis económica... Las enfermedades castigan por igual a todas las capas de la sociedad, por eso digo que pese a mi desgracia (algunos dirán que si Dios me eligió debo aceptarlo y si me apuras, hasta que debería estar agradecida). Pues no. Yo acepto, porque esto es lo que hay, y mi fuerza reside en mi lucidez, no en ninguna creencia religiosa...
Todos nacemos y todos morimos, pero yo estaba muy a gusto con mi vida, y la verdad, me hubiera encantado conocer a mis nietos, y hubiese prescindido de una muerte anunciada (que me perdonen si soy o parezco cruda). Como decía, soy afortunada de tener unos hijos que pueden dedicarme el tiempo que necesito, tengo suerte de disponer de una cantidad mensual que sin ser desmesurada nos permite vivir sin problemas de dinero, y gracias a ello, que no me cuiden extraños. Siempre he sido muy celosa de mi intimidad y me costó mucho pasar al estado de dependencia total, pero como dice el refrán, a todo se acostumbra uno...
A su vez, mis hijos tienen suerte de que no sea una persona difícil de cuidar, o eso creo, soy más bien bajita (1,57 m.) tampoco soy gorda (y menos ahora), es decir, mi Rosalía me levanta, me ducha, viste y me instala en el salón sin mayor dificultad. Tengo que decir que prescindo de ropa interior, ni sujetador, ni bragas, (como Aida Nízar, ¡jeje!). Esto facilita mucho. Tampoco necesito pañales. Puedo estar varias horas delante de mi ordenador sin molestar, de noche tampoco doy la lata, me acuesto sobre las 22h y hasta las 10h o más, y si llamo una vez, es solo para cambiar la postura de brazos o piernas...
Una mujer joven lo tiene que pasar mal con la regla, dependiendo de otra persona... Un enfermo corpulento también es más difícil de mover en cualquier actividad diaria... Y tantas situaciones que me cuentan y otras que ni siquiera imagino...
A todos y todas un abrazo.
No queda otra que adaptarse, unos peor, otros mejor...
En el curso de los últimos años en los que paso los dias sentada o acostada, he conocido e imaginado situaciones bastante peores que la mia.
Madres y padres con hijos pequeños, personas solas, o con familias rotas... También pienso en la situación del país, los que se han quedado sin casa por la crisis económica... Las enfermedades castigan por igual a todas las capas de la sociedad, por eso digo que pese a mi desgracia (algunos dirán que si Dios me eligió debo aceptarlo y si me apuras, hasta que debería estar agradecida). Pues no. Yo acepto, porque esto es lo que hay, y mi fuerza reside en mi lucidez, no en ninguna creencia religiosa...
Todos nacemos y todos morimos, pero yo estaba muy a gusto con mi vida, y la verdad, me hubiera encantado conocer a mis nietos, y hubiese prescindido de una muerte anunciada (que me perdonen si soy o parezco cruda). Como decía, soy afortunada de tener unos hijos que pueden dedicarme el tiempo que necesito, tengo suerte de disponer de una cantidad mensual que sin ser desmesurada nos permite vivir sin problemas de dinero, y gracias a ello, que no me cuiden extraños. Siempre he sido muy celosa de mi intimidad y me costó mucho pasar al estado de dependencia total, pero como dice el refrán, a todo se acostumbra uno...
A su vez, mis hijos tienen suerte de que no sea una persona difícil de cuidar, o eso creo, soy más bien bajita (1,57 m.) tampoco soy gorda (y menos ahora), es decir, mi Rosalía me levanta, me ducha, viste y me instala en el salón sin mayor dificultad. Tengo que decir que prescindo de ropa interior, ni sujetador, ni bragas, (como Aida Nízar, ¡jeje!). Esto facilita mucho. Tampoco necesito pañales. Puedo estar varias horas delante de mi ordenador sin molestar, de noche tampoco doy la lata, me acuesto sobre las 22h y hasta las 10h o más, y si llamo una vez, es solo para cambiar la postura de brazos o piernas...
Una mujer joven lo tiene que pasar mal con la regla, dependiendo de otra persona... Un enfermo corpulento también es más difícil de mover en cualquier actividad diaria... Y tantas situaciones que me cuentan y otras que ni siquiera imagino...
A todos y todas un abrazo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)














