Acabo de atravesar un periodo de desconsuelo debido a la creciente dificultad que tengo para comunicarme. Me cuesta cada vez mas mover el ratón y los intentos con la webcam no son positivos. Creo que nunca llegaré a ser capaz de usarla.
Pero bueno... Hoy os voy a distraer con un episodio más de mi vida de casada.
Dicen que los polos opuestos se atraen y debe ser verdad en mi caso, ó eso ó debía estar tonta de remate y cuando recuperé el juicio ya había dado el "Sí quiero", tenía 2 hijos y otro en camino.
Por aquél entonces, mi marido cambiaba de coche como de camisa, la verdad es que me daba un poco igual. La tarde en que llegó a casa diciendo "Adilia, baja a ver el pedazo de coche que tenemos" estaba tan eufórico que no quise decirle que no era buen momento y salí a ver...
Aparcado en segunda fila había un Audi negro reluciente como una moneda nueva. Galantemente me abrió la puerta invitándome a comprobar la comodidad de mi plaza de copiloto. Fue entonces cuando, un pie dentro y otro fuera, eché una mirada al interior y ví que no había asientos traseros. Inmediatamente sentí que me invadía la ira y la impotencia de siempre, cada vez que mi marido hacía algo tan absurdo como comprar un deportivo de 2 plazas para una familia de 5 miembros ¡¡!!
Lo primero que dije fue "¿Dónde piensas sentar a los niños?"
Él se quedó callado ante la inexistencia de respuesta a mi pregunta.
No recuerdo bien toda la discusión (breve porque no era el momento ni el lugar). Lo último que le dije fue que no quería volver a ver ese coche ni a él mientras le durara la amnesia.
Al día siguiente lo cambió por un vehículo familiar.
No me dijo (ni yo le pegunté) cuánto nos había costado la broma.
26 sept 2010
19 sept 2010
ATRAPADA
"Atrapada en su cuerpo" suele decirse de la persona incapacitada físicamente.
Solo los que vivimos ese calvario, podemos comprender lo que abarca la palabra. Atrapada las 24 horas del dia. Es el vivir sin vivir, el desear dormir y nunca despertar. Hoy lo digo aunque no tenemos derecho a decirlo porque molesta, porque no queremos hacer sufrir... Los nuestros ya sufren porque no son tontos, pero quiero dejar clara una cosa: nosotros somos las victimas.
Reinvindico el derecho a llorar cuando me dé la gana.
Solo los que vivimos ese calvario, podemos comprender lo que abarca la palabra. Atrapada las 24 horas del dia. Es el vivir sin vivir, el desear dormir y nunca despertar. Hoy lo digo aunque no tenemos derecho a decirlo porque molesta, porque no queremos hacer sufrir... Los nuestros ya sufren porque no son tontos, pero quiero dejar clara una cosa: nosotros somos las victimas.
Reinvindico el derecho a llorar cuando me dé la gana.
12 sept 2010
ELA SENCILLAMENTE AMIGOS: NECESITAMOS COLABORACION EB ESTE NUEVO BLOG
ELA SENCILLAMENTE AMIGOS: NECESITAMOS COLABORACION EN ESTE NUEVO BLOG: "PODEIS PARTICIPAR Y COLABORAR TODA LA GENTE Q ASI LO DESEE, OJALA Q ESTE ESPACIO SIRVA PARA ENTRETENER, INFORMAR, DIVERTIR....UN ABRAZO A TO..."
8 sept 2010
Viaje a Alemania: El regreso
De vuelta al hotel, seguí las recomendaciones del médico quedándome tumbada en la cama.
Los anunciados dolores de cabeza se manifestaron violentamente a lo largo de la noche, pero pasadas 12 horas ya estaba en forma y aprovechamos los días de espera para el reimplante, haciendo alguna excursión.
Visitamos el Palacio de Benrath, fuimos al Museo y Aquazoo Loebbecke y nos dimos un banquete de carnes, verduras, patatas... plato estrella especialidad de la región de cuyo nombre no me acuerdo, pero del que adjunto una foto muy representativa, y llegado el momento volvimos a la clínica.
Esta vez no hubo malentendidos, o eso creo, pues espero que no me hayan inyectado las células de otra persona... Una vez realizada la punción, me dejaron dormir unas horas y nos despidieron deseándome suerte.
La última cena en nuestra plaza favorita también tuvo su anédocta. No sé si habeis visto alguna vez estos WC públicos que son como cabinas de teléfono circulares, en acero gris y cuya puerta se abre insertando una moneda... Pues esa tarde decidimos utilizar la que estaba en la plaza y nos jugó una mala pasada, o es que no estaba pensada para sillas de ruedas... El caso es que se tragó la 1ª moneda y cerró la puerta dejando fuera a Mylena, quien no tuvo + remedio que meter otra. Mientras Rosa me ayudaba a sentarme en el inodoro, la puerta volvió a abrirse pero esta vez no hubo forma de cerrarla, o sea que tuvimos como espectadores a todos los taxistas de la parada de taxis, situada justo en frente. Si añadimos el complicado sistema giratorio y automático del invento, mi tendencia a reir en momentos críticos y la de mi hija pequeña a hacer comentarios graciosos, creo que habría material más que sobrado para un vídeo de cámara oculta.
A la mañana siguiente hicimos en coche los 200 km. que nos separaban del aeropuerto, esta vez de día, admirando el verde y frondoso paisaje de la campaña alemana.
El embarque fue algo caótico, pues a pesar de haber imprimido nuestra reserva en la que se especificaba que había una persona en silla de ruedas, nadie tenía esa información. A la hora de subir al avión se repitió la escena de mis dos hijos mayores vigilando el ascenso en silla, que se hizo en regla... pero ¡ay! estos niños tenían que dar la nota. Tan pronto como llegué arriba, ellos se saltaron el cordón de "Prohibido el paso" inmediatamente detenidos por una azafata que no quizo atender a explicaciones, iniciandose una discusión que alcanzó un registro subidito de tono. Cuando por fin les dejaron pasar y me vieron junto a la ventanila, mi aspecto debía ser patético porque Rosalia me señalaba y en un inglés que yo ignoraba que hablara y el (sí) "familiar" tono de cuando le hierve la sangre, exponía el motivo por el que quería subir. Su hermano, mediando a su favor pero tratando de apaciguar los ánimos, los pasajeros disfrutando del espectáculo, y yo pensando "Tierra trágame".
No sé si por el dolor, los nervios o todo junto, apenas habíamos despegado cuando sentí que me invadían las náuseas y el mareo. A punto de perder el conocimiento, ví cómo nuestra "azafata de la discordia" desplegaba todo el sistema de primeros auxilios, irreconocible y encantadora, ignorante, la pobre criatura, de que también le ibamos a fastidiar la breve escala en Sevilla (muy a pesar nuestro, todo hay que decirlo).
Os cuento, durante la estancia en Alemania, Jon mantuvo conversaciones telefónicas con Aena en las que le aseguraron que a la vuelta nos esperarían como es debido. Así que la indignación de mi familia al ver que nos esperaba la misma ridícula silla de juguete, no tuvo límites. Mientras Rosalia, la tripulación y yo, esperábamos arriba, abajo, los de la silla, se enfrentaban a la rotunda negativa de los míos a usarla. Unos argumentaban que tardarían mucho tiempo en ir y volver con el equipo adecuado, otros que no tenían prisa y que cuanto + tiempo perdieran discutiendo, + tarde se les iba a hacer.
En fin, como la razón estaba de nuestra parte, acabaron cediendo y dando media vuelta de vacío ante la mirada atónita de la azafata, quien tras preguntarnos qué estaba pasando, nos dió la razón, no sabemos si de buena o de mala gana. Cuando volvieron con una silla sube-escaleras perfectamente apta para la circunstancia, ya estaban entrando los pasajeros del próximo vuelo. Fin del viaje.
Me queda hacer 2 observaciones:
1º Si disponen del material adecuado, ¿por qué demonios no lo utilizan siempre?
2º Me parecería más lógico que instalaran primero tranquilamente a las personas con discapacidad, y no a la inversa.
También me pregunto porqué los aviones no estan equipados de asientos individuales para los enfermos y un acompañante.
Los anunciados dolores de cabeza se manifestaron violentamente a lo largo de la noche, pero pasadas 12 horas ya estaba en forma y aprovechamos los días de espera para el reimplante, haciendo alguna excursión.
Esta vez no hubo malentendidos, o eso creo, pues espero que no me hayan inyectado las células de otra persona... Una vez realizada la punción, me dejaron dormir unas horas y nos despidieron deseándome suerte.
La última cena en nuestra plaza favorita también tuvo su anédocta. No sé si habeis visto alguna vez estos WC públicos que son como cabinas de teléfono circulares, en acero gris y cuya puerta se abre insertando una moneda... Pues esa tarde decidimos utilizar la que estaba en la plaza y nos jugó una mala pasada, o es que no estaba pensada para sillas de ruedas... El caso es que se tragó la 1ª moneda y cerró la puerta dejando fuera a Mylena, quien no tuvo + remedio que meter otra. Mientras Rosa me ayudaba a sentarme en el inodoro, la puerta volvió a abrirse pero esta vez no hubo forma de cerrarla, o sea que tuvimos como espectadores a todos los taxistas de la parada de taxis, situada justo en frente. Si añadimos el complicado sistema giratorio y automático del invento, mi tendencia a reir en momentos críticos y la de mi hija pequeña a hacer comentarios graciosos, creo que habría material más que sobrado para un vídeo de cámara oculta.
A la mañana siguiente hicimos en coche los 200 km. que nos separaban del aeropuerto, esta vez de día, admirando el verde y frondoso paisaje de la campaña alemana.
El embarque fue algo caótico, pues a pesar de haber imprimido nuestra reserva en la que se especificaba que había una persona en silla de ruedas, nadie tenía esa información. A la hora de subir al avión se repitió la escena de mis dos hijos mayores vigilando el ascenso en silla, que se hizo en regla... pero ¡ay! estos niños tenían que dar la nota. Tan pronto como llegué arriba, ellos se saltaron el cordón de "Prohibido el paso" inmediatamente detenidos por una azafata que no quizo atender a explicaciones, iniciandose una discusión que alcanzó un registro subidito de tono. Cuando por fin les dejaron pasar y me vieron junto a la ventanila, mi aspecto debía ser patético porque Rosalia me señalaba y en un inglés que yo ignoraba que hablara y el (sí) "familiar" tono de cuando le hierve la sangre, exponía el motivo por el que quería subir. Su hermano, mediando a su favor pero tratando de apaciguar los ánimos, los pasajeros disfrutando del espectáculo, y yo pensando "Tierra trágame".
No sé si por el dolor, los nervios o todo junto, apenas habíamos despegado cuando sentí que me invadían las náuseas y el mareo. A punto de perder el conocimiento, ví cómo nuestra "azafata de la discordia" desplegaba todo el sistema de primeros auxilios, irreconocible y encantadora, ignorante, la pobre criatura, de que también le ibamos a fastidiar la breve escala en Sevilla (muy a pesar nuestro, todo hay que decirlo).
Os cuento, durante la estancia en Alemania, Jon mantuvo conversaciones telefónicas con Aena en las que le aseguraron que a la vuelta nos esperarían como es debido. Así que la indignación de mi familia al ver que nos esperaba la misma ridícula silla de juguete, no tuvo límites. Mientras Rosalia, la tripulación y yo, esperábamos arriba, abajo, los de la silla, se enfrentaban a la rotunda negativa de los míos a usarla. Unos argumentaban que tardarían mucho tiempo en ir y volver con el equipo adecuado, otros que no tenían prisa y que cuanto + tiempo perdieran discutiendo, + tarde se les iba a hacer.
En fin, como la razón estaba de nuestra parte, acabaron cediendo y dando media vuelta de vacío ante la mirada atónita de la azafata, quien tras preguntarnos qué estaba pasando, nos dió la razón, no sabemos si de buena o de mala gana. Cuando volvieron con una silla sube-escaleras perfectamente apta para la circunstancia, ya estaban entrando los pasajeros del próximo vuelo. Fin del viaje.
Me queda hacer 2 observaciones:
1º Si disponen del material adecuado, ¿por qué demonios no lo utilizan siempre?
2º Me parecería más lógico que instalaran primero tranquilamente a las personas con discapacidad, y no a la inversa.
También me pregunto porqué los aviones no estan equipados de asientos individuales para los enfermos y un acompañante.
27 ago 2010
Células madre: DESORGANIZACIÓN
El primer día en Dusseldorf lo dedicamos a pasear, comer salsichas, probar la cerveza del país y familiarizarnos con la ciudad, por cierto muy agradable, animada y limpia.
El día siguiente se reunió con nosotros un amigo parisino, y por la tarde nos presentamos en grupo de 6 en el centro clínico donde íban a extraerme las células madre, comentando que cuando nos vieran llegar, pensarían que los españoles nos desplazamos en tribus...
Una vez más, Pepa nos llevó directamente a la clínica situada en el margen izquierdo del Rhin, una recién estrenada filial del centro de Colonia, aparentemente desbordado. Lo primero que nos pidieron cuando nos identificamos en la recepción, fue el pago de 7.500 € (casi nada), y nos quedamos esperando sin que nos hicieran mucho caso, hasta que decidimos llamar a nuestro contacto español, que nos dijo que vendría más tarde y que nos mandaría a una enfermera que hablaba nuestro idioma.
Tras otro buen rato de espera apareció una joven que no parecia saber nada de nada, pero tras un breve intercambio de información con nosotros dijo que se hacía cargo y se fue. Momentos después volvió diciendo que el médico nos esperaba. La seguimos hasta el despacho y ahi empezó un cuestionario sin pies ni cabeza que a mi me llevó rápidamente a la conlusión de que se equivocaban de paciente, pero ni el médico ni ella se daban cuenta e insistían en saber cómo me había ido tras mi última visita. Me hablaban de un accidente de tráfico y nos estabamos volviendo todos locos hasta que mi hijo preguntó si alguien del centro hablaba francés. Por suerte, entre el personal había una señora francesa con quien nos entendimos de maravilla y una vez demostrado que yo no era el tal Roberto de Palma de Mallorca cuyo expediente estaba ante los ojos del médico, nos fuimos otra vez a la sala de espera, bastante extrañados de la mala organización y poca vista de "esta gente".
Yo preguntándome cómo podian confundirme con un hombre y si estas cosas me pasaban sólo a mí ó eran comunes. Había transcurrido hora y media, y mientras tanto, la persona con quien realmente estabamos citados se tiraba de los pelos y maldecía nuestra informalidad.
Pero no acaba aqui la mala pata. Resulta que cuando por fin nos encontramos en el lugar indicado, aparece nuestra mal lograda intérprete, quien debía proceder a una extracción de mi sangre para un análisis. Entonces nos dimos cuenta de que como enfermera era, si cabe, aún peor. Me pinchó 5 VECES sin resultado, mis hijas querían protestar pero a mi me daba lástima la pobre muchacha y, con la mirada, las incitaba a tener paciencia. Mientras, la papelera se iba llenando de agujas y guantes desechados. Finalmente, Mylena dijo "Gracias a Dios que no estan aqui ni mi hermano ni mi novio porque ya estarian rodando por el suelo", y añadió que si era incapaz de sacarme sangre, llamase a alguien competente, lo que finalmente no le quedó más remedio que hacer. El mismo médico que iba a realizar la extracción de células fue quien me tomó la muestra de sangre: 7º pinchazo. Y mientras esperaba el resultado me fue instalando en una camilla.
Después, ya todo fue como debía de ser, los detalles técnicos y científicos no se me dan bien, pero si alguien quiere saber + le aconsejo la excelente descripción de Isabel Rojas en el apartado "Testimonios" de Ela Andalucia.
La extraccion de las 800 mil células (pocas pero "de calidad") fue algo doloroso pero llevadero, y a partir de ahí ya no hubo más incidencias.
Antes de irnos apareció el médico español, quien oyendo nuestras quejas se disculpó amablemente, explicando que acababan de abrir y aún estaban algo desorganizados. "Ni que lo digas" pensamos nosotros...
El día siguiente se reunió con nosotros un amigo parisino, y por la tarde nos presentamos en grupo de 6 en el centro clínico donde íban a extraerme las células madre, comentando que cuando nos vieran llegar, pensarían que los españoles nos desplazamos en tribus...
Tras otro buen rato de espera apareció una joven que no parecia saber nada de nada, pero tras un breve intercambio de información con nosotros dijo que se hacía cargo y se fue. Momentos después volvió diciendo que el médico nos esperaba. La seguimos hasta el despacho y ahi empezó un cuestionario sin pies ni cabeza que a mi me llevó rápidamente a la conlusión de que se equivocaban de paciente, pero ni el médico ni ella se daban cuenta e insistían en saber cómo me había ido tras mi última visita. Me hablaban de un accidente de tráfico y nos estabamos volviendo todos locos hasta que mi hijo preguntó si alguien del centro hablaba francés. Por suerte, entre el personal había una señora francesa con quien nos entendimos de maravilla y una vez demostrado que yo no era el tal Roberto de Palma de Mallorca cuyo expediente estaba ante los ojos del médico, nos fuimos otra vez a la sala de espera, bastante extrañados de la mala organización y poca vista de "esta gente".
Yo preguntándome cómo podian confundirme con un hombre y si estas cosas me pasaban sólo a mí ó eran comunes. Había transcurrido hora y media, y mientras tanto, la persona con quien realmente estabamos citados se tiraba de los pelos y maldecía nuestra informalidad.
Pero no acaba aqui la mala pata. Resulta que cuando por fin nos encontramos en el lugar indicado, aparece nuestra mal lograda intérprete, quien debía proceder a una extracción de mi sangre para un análisis. Entonces nos dimos cuenta de que como enfermera era, si cabe, aún peor. Me pinchó 5 VECES sin resultado, mis hijas querían protestar pero a mi me daba lástima la pobre muchacha y, con la mirada, las incitaba a tener paciencia. Mientras, la papelera se iba llenando de agujas y guantes desechados. Finalmente, Mylena dijo "Gracias a Dios que no estan aqui ni mi hermano ni mi novio porque ya estarian rodando por el suelo", y añadió que si era incapaz de sacarme sangre, llamase a alguien competente, lo que finalmente no le quedó más remedio que hacer. El mismo médico que iba a realizar la extracción de células fue quien me tomó la muestra de sangre: 7º pinchazo. Y mientras esperaba el resultado me fue instalando en una camilla.
Después, ya todo fue como debía de ser, los detalles técnicos y científicos no se me dan bien, pero si alguien quiere saber + le aconsejo la excelente descripción de Isabel Rojas en el apartado "Testimonios" de Ela Andalucia.
La extraccion de las 800 mil células (pocas pero "de calidad") fue algo doloroso pero llevadero, y a partir de ahí ya no hubo más incidencias.
Antes de irnos apareció el médico español, quien oyendo nuestras quejas se disculpó amablemente, explicando que acababan de abrir y aún estaban algo desorganizados. "Ni que lo digas" pensamos nosotros...
19 ago 2010
Viaje a Alemania: La ida
Es curioso el modo en que a veces tomamos decisiones.
Personalmente suelo pensar detenidamente cada uno de mis actos, pero el viaje a Alemania no lo pensé ni un minuto, y no porque tuviera esperanza, más bien como que me daba igual de todo, como el que dice "de perdidos al río".
En el fondo creo que lo hice por mis hijos, que no hacían más que buscar soluciones, sobre todo Rosalia, la más internauta de los 3. Ella fue quien un día me habló de células madre y todo lo referente al tema. Me dijo que había contactado con la clínica, me dió fechas y por último me adelantó recelosa el coste de todo el plan...
En el mismo instante me apeteció darle una alegría y le dije que lo organizara todo, que yo tenía el dinero (ella lo sabía, pues nunca oculto ningun asunto de interés familar)
Quizá acostumbrada a mi sensata gestión del dinero, temiera que me pareciera mucho gasto. Era en abril de 2009, una vez decidido el viaje dijimos que hacían falta 2 acompañantes, pero todos querían venir, incluido Jose asi que reservamos 5 plazas en un vuelo de bajo coste donde nos aseguraron que no había problema por que estuviera en silla de ruedas. También alquilamos por internet un coche de 7 plazas, reservamos el hotel, y... a hacer las maletas ¡que nos vamos de vacaciones!
Dos días antes se me ocurrió decir "Espero que no haya que subir al avión por las escaleras", comentario al cual todos contestaron que eso ya no existía, que nunca les había pasado y que no fuera agorera.
El hecho es que a mí tampoco pero esta vez si que pasó. Llegados a la puerta de embarque nos separaron diciendo que se quedase sólo uno conmigo, y por primera vez en la historia de nuestros vuelos tocaba subir al avión por la escalera, vaya, que hay que tener mala suerte...
Llegamos cuando los demás pasajeros ya habían embarcado, salvo Jon que se negó, diciendo que quería ver cómo subían a su madre. Pues fue asi: trajeron una silla sin cinturón, ni laterales, y 2 chicas de unos 50 kgs. emprendieron la tarea de subirme entre las protestas de mis hijos, mi miedo y las miradas de la gente. Cuando querían sentarme junto a la ventanilla tirandome de los brazos, que entonces me dolían a horrores, les relaté que me daba igual el protocolo y conseguí quedarme del lado del pasillo...
Llegamos a eso de la 22h y la salida del avión fue más amena, ya que allí disponían de una silla homologada manejada además por 2 corpulentos alemanes.
Una vez en la terminal, Rosalia y yo fuimos al baño, Mylena y Jose a tomar algo, y Jon a ver del coche. Cuando vimos que tardaba en volver decidimos ir a ver qué pasaba y le vimos hablando por teléfono bajo la atenta mirada de la dependienta, señal de que teníamos el primer problema: efectivamente su tarjeta no le permitía pagar, y no se podía operar en efectivo.
Por suerte yo pude utilizar la mía y, llave en mano, nos fuimos a buscar el coche. Nos pusimos en marcha con el itinerario elaborado en el mapa que supuestamente no tenía pérdida, aunque no tardamos ni 10 minutos en parar en una gasolinera totalmente desubicados. Mientras mis hijos iban a ver si se entendían con el alemán, Jose que se quedó conmigo, descubrió que el coche estaba equipado de navegador... entre risas llamamos al grupo, y en pocos minutos consiguieron entre todos que este aparato nos hablara en español con una voz de mujer a la que rápidamente llamaron "Pepa", a pesar de su acento alemán, y desde ese momento Pepa nos condujo hasta la puerta del hotel, que respondía a nuestros requisitos, con lo cual sin más nos fuimos a dormir...
Personalmente suelo pensar detenidamente cada uno de mis actos, pero el viaje a Alemania no lo pensé ni un minuto, y no porque tuviera esperanza, más bien como que me daba igual de todo, como el que dice "de perdidos al río".
En el fondo creo que lo hice por mis hijos, que no hacían más que buscar soluciones, sobre todo Rosalia, la más internauta de los 3. Ella fue quien un día me habló de células madre y todo lo referente al tema. Me dijo que había contactado con la clínica, me dió fechas y por último me adelantó recelosa el coste de todo el plan...
En el mismo instante me apeteció darle una alegría y le dije que lo organizara todo, que yo tenía el dinero (ella lo sabía, pues nunca oculto ningun asunto de interés familar)
Quizá acostumbrada a mi sensata gestión del dinero, temiera que me pareciera mucho gasto. Era en abril de 2009, una vez decidido el viaje dijimos que hacían falta 2 acompañantes, pero todos querían venir, incluido Jose asi que reservamos 5 plazas en un vuelo de bajo coste donde nos aseguraron que no había problema por que estuviera en silla de ruedas. También alquilamos por internet un coche de 7 plazas, reservamos el hotel, y... a hacer las maletas ¡que nos vamos de vacaciones!
Dos días antes se me ocurrió decir "Espero que no haya que subir al avión por las escaleras", comentario al cual todos contestaron que eso ya no existía, que nunca les había pasado y que no fuera agorera.
El hecho es que a mí tampoco pero esta vez si que pasó. Llegados a la puerta de embarque nos separaron diciendo que se quedase sólo uno conmigo, y por primera vez en la historia de nuestros vuelos tocaba subir al avión por la escalera, vaya, que hay que tener mala suerte...
Llegamos cuando los demás pasajeros ya habían embarcado, salvo Jon que se negó, diciendo que quería ver cómo subían a su madre. Pues fue asi: trajeron una silla sin cinturón, ni laterales, y 2 chicas de unos 50 kgs. emprendieron la tarea de subirme entre las protestas de mis hijos, mi miedo y las miradas de la gente. Cuando querían sentarme junto a la ventanilla tirandome de los brazos, que entonces me dolían a horrores, les relaté que me daba igual el protocolo y conseguí quedarme del lado del pasillo...
Llegamos a eso de la 22h y la salida del avión fue más amena, ya que allí disponían de una silla homologada manejada además por 2 corpulentos alemanes.
Una vez en la terminal, Rosalia y yo fuimos al baño, Mylena y Jose a tomar algo, y Jon a ver del coche. Cuando vimos que tardaba en volver decidimos ir a ver qué pasaba y le vimos hablando por teléfono bajo la atenta mirada de la dependienta, señal de que teníamos el primer problema: efectivamente su tarjeta no le permitía pagar, y no se podía operar en efectivo.
Por suerte yo pude utilizar la mía y, llave en mano, nos fuimos a buscar el coche. Nos pusimos en marcha con el itinerario elaborado en el mapa que supuestamente no tenía pérdida, aunque no tardamos ni 10 minutos en parar en una gasolinera totalmente desubicados. Mientras mis hijos iban a ver si se entendían con el alemán, Jose que se quedó conmigo, descubrió que el coche estaba equipado de navegador... entre risas llamamos al grupo, y en pocos minutos consiguieron entre todos que este aparato nos hablara en español con una voz de mujer a la que rápidamente llamaron "Pepa", a pesar de su acento alemán, y desde ese momento Pepa nos condujo hasta la puerta del hotel, que respondía a nuestros requisitos, con lo cual sin más nos fuimos a dormir...
11 ago 2010
Vaya tardecita!
Si resisto la tarde de hoy con Angel, mi madre, mi hermana, mis hijos, nuestra perra y la tele, ya puedo decir que tengo una salud mental a toda prueba.
No sé si conoceis la expresion "somos 7 con 17 conversas", es de mi tierra, pero pienso que se entiende. Pues eso tengo aqui hoy, cada uno habla de lo que le apetece sin preocuparse de lo que digan los demás, de todos modos mejor así porque mi madre habla un portugués muy suyo y además esta un poco sorda, al igual que Angel, que aunque tiene unos audífonos casi nunca se los pone (dice que le retumba). Nosotros decimos que lo que retumba es nuestra casa cuando no se los pone y enciende la tele... además no nos atrevemos a decirle nada porque entonces se pasa la tarde subiendo y bajando el volumen y preguntando: "¿Esta alto?"
Hoy venía despistadillo, pues aunque conoce a mi madre hace años, se quedó mirando hasta que mi hijo dijo: "Es mi abuela". Él contestó: "¿Qué abuela?". Luego se llevó las manos a la cabeza, señal de quien acaba de darse cuenta de su despiste.
Yo intentaba comunicar con mi hermana pero de pronto oía, por ejemplo, a mi madre: "¿Se ha ido Angel?"
Mi hijo: "No, esta en el baño"
Mi madre: "Ah! Esta descansando"
...Y asi toda la tarde. Por una parte el casi monólogo de mi madre relatando su reciente operación de cataratas, por otra Angel hablando de su sordera y, mis hijas diciendo que ya que no usa los dos audífonos le puede dar uno a la abuela... Entonces Angel, que no entiende la broma, dice que sí e inicia un diálogo de "sordos" (nunca mejor dicho), que media hora después les llevó a la conclusión de que ambos tienen afectado el oído derecho, aunque el médico les dice que tienen peor el izquierdo.
Mientras, yo decidí ponerme a escribir ante la impotencia de no poder desempeñar mi papel de intérprete, que tantas veces me ha desesperado...
No sé si conoceis la expresion "somos 7 con 17 conversas", es de mi tierra, pero pienso que se entiende. Pues eso tengo aqui hoy, cada uno habla de lo que le apetece sin preocuparse de lo que digan los demás, de todos modos mejor así porque mi madre habla un portugués muy suyo y además esta un poco sorda, al igual que Angel, que aunque tiene unos audífonos casi nunca se los pone (dice que le retumba). Nosotros decimos que lo que retumba es nuestra casa cuando no se los pone y enciende la tele... además no nos atrevemos a decirle nada porque entonces se pasa la tarde subiendo y bajando el volumen y preguntando: "¿Esta alto?"
Hoy venía despistadillo, pues aunque conoce a mi madre hace años, se quedó mirando hasta que mi hijo dijo: "Es mi abuela". Él contestó: "¿Qué abuela?". Luego se llevó las manos a la cabeza, señal de quien acaba de darse cuenta de su despiste.Yo intentaba comunicar con mi hermana pero de pronto oía, por ejemplo, a mi madre: "¿Se ha ido Angel?"
Mi hijo: "No, esta en el baño"
Mi madre: "Ah! Esta descansando"
...Y asi toda la tarde. Por una parte el casi monólogo de mi madre relatando su reciente operación de cataratas, por otra Angel hablando de su sordera y, mis hijas diciendo que ya que no usa los dos audífonos le puede dar uno a la abuela... Entonces Angel, que no entiende la broma, dice que sí e inicia un diálogo de "sordos" (nunca mejor dicho), que media hora después les llevó a la conclusión de que ambos tienen afectado el oído derecho, aunque el médico les dice que tienen peor el izquierdo.
Mientras, yo decidí ponerme a escribir ante la impotencia de no poder desempeñar mi papel de intérprete, que tantas veces me ha desesperado...
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