4 sept. 2016

Circuito por las Rías Baixas

Esto fue una vez que, por fin mi jefe, tras 4 años sin vacaciones, decidió que me merecía un descanso de 2 semanas. Entonces mis hijos ya eran adultos y me fui sola a casa de mi hermana Mimos.
Durante esa semana fuimos a ver a nuestra madre, nos quedamos una noche en el pueblo, mientras le iba enseñando unos catálogos de circuitos por España.

Ella no se lo pensó 2 veces. La cuestión es que yo necesitaba una compañera y ¿quién mejor que Mimos? Total, que se vino a Sevilla y una noche salimos en autocar rumbo al norte de España. El viaje, el hotel, la comida, las excursiones, todo magnífico.

Pero ¡ay!, tenía que pasar algo... Desde el segundo día, no sé cómo ni dónde, embarcó un pasajero inoportuno... Un virus maléfico que nos afectó a todos, unos tras otros. Empezó con una familia de la parte trasera del autocar, vómitos, diarreas y el estómago cerrado. Nosotras ibamos delante y veíamos a un hombre venir cada 2 minutos a por una bolsa de plástico, no sé cual de las dos dijo: "¿Pero por qué no se lleva un puñado?" y nos dió una risa tonta que contagió a las dos pasajeras detrás de nosotras, madre e hija.
Y así toda la semana. Yo me levanté un día vomitando, y cosa extraña, no pude ni tomar el café ni nada en todo el día. Tenía el estómago cerrado, pero no estaba tan mal...

Y al día siguiente estaba tan fina. Mientras, el resto del grupo iban cayendo como moscas, perdiéndose las excursiones , las comidas en restaurantes, etc...
Mi hermana presumiendo de ser la más resistente, ¡ja ja ja!! Pero la cosa no había acabado, a la vuelta cayeron los pocos que faltaban... Y Mimos tan pancha... Llegamos a mi casa, y ella se iba al día siguiente a Portugal, tenía el viaje a las 11 de la noche, desayunó y almorzó tan ricamente, pero a eso de la media tarde se le cambió la cara de pálida a amarilla y viceversa, y venga a ir al baño...


La pobre no podía perder el billete y tampoco estar más tiempo ausente de su casa, así que como perro que va a la horca, con una buena provisión de bolsas de plástico y de pastillas anti-náuseas, nos fuimos a la estación de autobúses, y allí en todo el medio, apenas tuvo tiempo de coger una bolsa y vomitar el contenido de su estómago. Acto seguido se fue al baño con una diarrea mortal. En ese estado embarcó para un viaje de 7 / 8 horas, tras mis advertencias al conductor: "Si mi hermana dice que pares, más te vale parar..."

Fin de la aventura.


P D . Tengo que decir que nosotras no nos perdimos ninguna excursión, ni el baile de despedida la última noche. Y que en Galicia hemos degustado los mejores mejillones del mundo, acompañados del mejor vino blanco, en un barco sumergible. Fue un maravilloso viaje pese a todo.

(Escrito con la mirada)