17 abr. 2017

Se nos cae la casa a cachos!

Desde que no puedo hacer nada en mi casa, ha pasado de todo y nada bueno... Por ejemplo, acabo de pagar ahora mismo 35 € al fontanero que vino a desatascar el fregadero tras tres días de vanos intentos por parte de los que usan la cocina. ¡Vete a saber lo que cae en ese fregadero! Y mira que tengo hasta el alambre desatascador.

Mi cuarto de baño es muy pequeño. Cuando compré el piso, hice una reforma y quedó bien. Puse una ducha con un muro, como en las piscinas, con un escalón, pero cuando ya no pude subirlo, tuve que derruir todo y poner la ducha a ras del suelo.Durante unos años no pasó nada, pero hace un tiempo empiezan a llamar a la puerta para decir que de mi cuarto de baño caían gotas en el garaje, venía el fontanero y decía que era del bajante...
Pasaba el tiempo  y no se resolvía el asunto. Yo me pongo nerviosa con estas cosas, no me gusta molestar a nadie. Finalmente mi yerno, que es pintor, se puso a levantar el suelo para ponerle un aislante, etc... Una semana de trabajo duro, a la vista quedó perfecto, pero no le dió la inclinación debida y se nos arriaba el cuarto de baño. Finalmente tuvieron que venir unos albañiles y empezar de cero...
No sé que pasó con la puerta del baño que tiene este aspecto desde mucho antes de la obra. Sabía que había algo porque cuando pasaba con la silla me arañaba los pies.   

  

Mis nietos de 3 años y medio, 2 y medio y casi 2, son auténticos destructores del hogar. Aquí había una puerta con un cristal que Rubén, el pequeño, se encargó de romper.




Esto era una pulsera mía que Damian usó como juguete.











Aquí estaba el alzapaño de la cortina, creo que los 3 han colaborado en la obra. 












Aquí había un aplique igual que este otro, que se le quedó en 2 trozos a Mylena al limpiar ¿casualidad? 









  
 En estos tornillos había yo colgado el lagarto típico de Ibiza que me trajo Mylena hace unos 12 años. Rosalía fue la autora de su muerte.











Este cuadro se cayó misteriosamente de la pared pero el tornillo se quedó bien firme.













Este otro también, roto el cristal... 








Esta foto la tenía Ángel en su casa en un marco, aunque no me gusta, la recuperé tras su muerte. Los 2 hermanos han roto el cristal delante de mí. Qué sufrimiento cuando veo que pueden cortarse y yo sin poder moverme... Menos mal que siempre hay alguien cerca.







Esta mesa donde están sentados Lisa y Rubén, solía tener un pequeño mantel de los muchos que hacía "en mi tiempo libre", y algo bonito encima. Antes de nacer Damian quería lijar y barnizar esta mesa de madera maciza... Menos mal que no lo hice porque desde que son 3 se suben para mirar por la ventana y de paso manchar y tirar de la cortina.
Los mandos dejan de funcionar, hay que esconder todo lo que sea tecnología porque son como científicos, quieren saber el cómo y el porqué de las cosas.








Los ventiladores y radiadores pierden sus ruedas.


Mis máquinas son un misterio para ellos, aunque parece que han entendido la frase mil veces repetida: "Las cosas de la abuela no se tocan". Lisa casi siempre que me da un beso dice "no he movido el tubo de la abuela". 
Tengo que decir que Lisa sola es un cielo, pero los tres juntos nunca se sabe lo que se los puede ocurrir...

Me pregunto porqué siempre rompen cosas que me gustan. Como las dos fuentes con pinturas tipicas de mi tierra...

También es verdad que cuando hay niños no se culpan mayores...



¡Ay señor, qué trio más peligroso! En fotos son angelitos...
 (Que acertada estuve cuando compré la mesa y las sillas para comer. 
Son de hierro, la mesa con la tapa de madera y las sillas con cojines. Ahí tambien se suben.







Lo cierto es que a estas alturas poco me importan sus trastadas, con tal de verles y oírles. A veces, cuando llora alguno, siento un nudo en la garganta, casi lloro con ellos. Qué impotencia no poder cogerles en mis brazos y consolarles.

¿Por qué seré tan sensible? 


(Escrito con la mirada)

21 feb. 2017

La bruja

No penseis que estoy desvariando, ni loca, ni obsesionada por el pasado. Estoy perfectamente lúcida y cuerda. Quien me conoce sabe que no creo en nada y que soy la sensatez personificada. No obstante, hubo cosas muy raras en el comportamiento de Manuel el día de su muerte.
Voy a ser objetiva y limitarme a narrar hechos, además conocidos de todo el pueblo.

Había una mujer en el pueblo que decían que era bruja, que lo aprendió de su madre. Sin embargo, yo recuerdo que la madre falleció siendo yo una niña y no le tenía ningún miedo. Pero a la hija sí, y tanto, y no solo yo. 
Era muy rara, nunca la vi sonreír. Llevaba siempre una especie de chal de color oscuro reliado en la cabeza, muy abultado, mientras las demás mujeres usaban un pañuelo fino para protegerse el cabello del polvo y demás (era una vida de campo muy dura y nuestros mayores tenían sus costumbres muy sabias, aunque a los jóvenes nos parecieran ridículas). 

Si mal no recuerdo, su persecución, envidia, odio ó lo que fuese hacia mí, empezó cuando se supo que Manuel y yo eramos novios, hecho paradójico ya que su marido, al que no recuerdo, era tío de Manuel y sus hijos eran primos. Lo que no sé es la relación que había por parte de las cuñadas políticas. 
Nunca le hice nada feo a esa mujer, la saludaba educadamente como a todos, era amable y servicial, así me recuerdan todavia los mayores, una niña mona y sonriente, algo tímida... 
Tampoco su hijo me pretendió nunca. Además era bastante mayor que yo. Recuerdo cuando volvió de la guerra, como siempre que volvía cualquier soldado sano y salvo, toda la aldea iba a saludarle. Yo estaba con mi prima Idalina y no quería ir, pero pensé que con toda la gente que había en la casa, ella no me iba a hacer nada, y fuimos. No se cabía en la entrada, nos colamos entre la gente, le saludamos y volvimos a la puerta. Indiferente a todos los allí presentes esa mujer subida encima de algo, no me quitó la mirada. Sentía sus ojos sobre mí y le murmuré a mi prima: "¿Me está mirando?" - Sí, no te quita los ojos de encima, si quieres nos vamos- y nos fuimos. 
El caso es que ella vivía a un lado del pueblo que no nos cogía de paso. No era vecina ni amiga y mucho menos intima, así que cuando empezó a enviarme recados para ir a su casa para escribirle una carta ó cualquier otro pretexto igual de incoherente (hierbabuena, limpia-metales, té y cosas absurdas) evidentemente hacía como que no me había llegado, ya que sus nietos habían ido conmigo al colegio y tenía vecinas y gente cercana a quién pedir esas cosas. 
¡Me hubiese muerto antes de estar a solas con ella en su casa! 
 Aún así se las arregló para cruzarse conmigo a solas, acercarse a mí y cogerme las dos manos sin decirme una palabra, ¡si esto es normal entonces yo estoy pirada! 

Pero el día que más me asustó fue la vez que venía yo del pozo con mi amiga Maria, cada una con un cántaro de agua, riéndonos de lo que veníamos hablando, cuando sale esa mujer de una tienda, se dirige a mí y suelta en portugués "No te rías que más has de llorar, porque donde yo pasar no te vas a casar que te lo voy a fastidiar". Y pasó a mi lado rozándome. Nos giramos las dos y Maria le dijo "¿Y si nosotras te cogemos y te damos una paliza?" 
Soltó una carcajada horripilante y dijo "A mí nadie me coge" y prácticamente dobló la esquina sin que la viéramos caminar. 
Lo recuerdo como si fuese hoy. Pena que Maria no está en Internet para corroborar lo que digo. 
Mi agua era para mi vecina, una viejita encantadora que cuando me vió llegar pálida y a punto de llorar, me hizo una infusión mientras yo le contaba el episodio. Ella se lo contó a mi madre y yo también, Maria lo dijo en su casa y casi todo el pueblo se enteró, nos preguntaban si sería una broma y nosotras que no. 

Así que cuando pasó lo que pasó todos recordaron la historia.
Resulta que la moto era del hijo de la BRUJA. Cuando le vi, solo unas semanas después le hice la pregunta que me atormentaba: ¿Por qué no le diste el casco por Dios? No hubiera muerto... 
El pobre chico, me dijo que fue a casa a buscarlo y no estaba en su sitio, que le preguntó a la madre y le dijo "Yo qué sé". 
Este chico falleció muy joven de no sé qué enfermedad. 
Que me perdonen sus familiares pero tengo que confesar que cuando murió la BRUJA me sentí liberada, aunque ya había puesto distancia kilométrica entre ella y yo. 

Que cada uno piense lo quiera, ha pasado una vida y nunca lo olvidé. 

(Escrito con la mirada). 

20 ene. 2017

Una historia de amor (3ª parte y fin)

(En el desenlace de esta historia entendereis porqué recuerdo cada detalle, cada gesto, cada palabra, cada sonrisa y cada lágrima...)



Tras mi pregunta "¿Es que me tienes espiada?" Manuel se puso serio, cogió mi mano entre las suyas y dijo mirandome a los ojos:

- ¿Sabes que me hiciste sufrir mucho, ¿verdad? No respondías a mis cartas, por mi cumpleaños me enviaste una postal tan neutra que me saltaron las lágrimas, pensé seriamente que había otro...
Yo, hasta ahí callada, asumiendo mi culpa, dije:
- Nunca hubo otro, si fuera el caso te lo hubiera dicho.
- ¿Entonces por qué?
- No sé, estaba cansada de tantas cartas, de no verte ni estar contigo, me divertía con mis amigas y te olvidé un poquito... Perdóname... Pero si es cuestión de meses...

Y  siguió:
- Yo no te espiaba, solo le dije a mi amigo que me avisara si veía algo sospechoso. Cuando recibí el telegrama me temblaban las manos, casi me alegré de leer "Tu novia en el hospital de Faro atropellada, fuera de peligro". Solo tuve que llamar para saber de ti, llamé cada día hasta que me dijeron que te venías esa tarde a Lisboa por eso sabía que estabas aquí. 
Las monjas no me dijeron nada de las llamadas.

Hicimos las paces esa misma tarde. Y durante 2 meses intercambiaba turnos para estar el primero en la puerta a las tres de la tarde. Se quedaba toda la tarde, me traía flores, pasteles, revistas...

Le dije muchas veces que no hacía falta venir todos los días y me decía: "Mi amor, tú no sabes lo que quieres, ¿querías verme, no? Pues ahora no me echarás, digas lo que digas no te librarás de mí". Ponía unas caras tan cómicas que mi risa contagiaba a las demás pacientes. Las enfermeras me aseaban en la cama pero no me podían lavar el pelo, entonces me puse de acuerdo con una chica de mi edad que estaba ahí por un bulto en el pecho, y a escondidas ella trajo recipientes con agua del cuarto de baño, empujó la cama y me lavó la cabeza.

Luego se fue y cuando me sentía el pelo y la cabeza sucia me lo lavaba Manuel con el mismo método, al final nos pillaron pero no nos han reñido, ya eramos parte de la casa.
¿Por qué me quedé tanto tiempo? Pues era una fractura de los 2 huesos, había que colocar una placa dejando los huesos separados para que no me quedara la pierna más corta . Luego me colocaron una escayola desde los dedos hasta casi la ingle, dejando a descubierto la herida. El día de la operación solo vino Manuel, ahí estaba sufriendo por mí, pendiente de mi despertar que fue muy doloroso, llamando para que me pusieran calmantes, cuidando de mí como una madre... Esos 2 meses nos han unido muchísimo.

Después de quitarme los puntos de sutura, me volvieron a escayolar como antes pero esta vez todo cerrado.

El primer intento de ponerme de pie entre Teresa y Manuel, fue un auténtico fracaso. Me pareció estar a 20 metros del suelo, eso junto con el dolor, hizo que me desmayara y tuvieran que acostarme a toda prisa. Otro bajón y otra crisis de lágrimas. Tenía 18 años y pensaba que me quedaría coja. Pobre Manuel que tenía que remontarme el ánimo... Me decía:

- Estás muy delgada, tienes que comer y coger fuerzas, sino no salimos de aquí, y tenemos proyectos...
- Pero si no tengo hambre, se me hace una bola que no puedo tragar.
- Eso es porque estás nerviosa pensando tonterías,  hazlo por mí querida, y empecé a comer el bistec que me traían a
media mañana (hasta ese día se lo daba a una señora que siempre estaba hambrienta).
También tenía otras visitas, mis tías, hermanas de mi padre que apenas conocía, gente del pueblo que vivían en Lisboa, una tía de Manuel que me dijo: "Hija, he oído hablar tanto de ti, que ya te conozco". La tía Emilia y el tío Eduardo adoraban a su sobrino. Esos años en la Marina convivieron mucho y se tenían mucho cariño.

Mientras iban pasando los días, escribí a mi madre que cuando viniera a buscarme me trajera una falda roja con tirantes, confeccionada por mí poco antes del accidente, menos mal, porque el día que me dieron el alta, sin los tirantes, la falda se me caía directamente al suelo.

Después de 2 meses, 2 transfusiones de sangre y mucho sufrimiento para mí, estar siempre acostada en la misma postura... Me fui a mi pueblo. El viaje: una pesadilla. Eran unos 230 km sin autovía, parando en todos los pueblos, además de 45 minutos para comer.

Me salto un año, con 2 ó 3 viajes de Manuel al pueblo, sus cartas, el paso de todo el pueblo por mi casa, entrañables cada uno con un regalito.
Luego mi viaje a Lisboa para quitarme la escayola, vuelta al pueblo hasta que me llamaron para quitar la placa, que al final no se hizo, porque el jefe dijo que en la radiografía se veía que los huesos no se habían solidificado y que se iban a romper otra vez... Información que hizo que nunca más volviese y que, aún hoy tenga la dichosa placa con sus tornillos...
Manuel y yo habíamos planificado en el hospital nuestro futuro más inmediato.
Él me dijo:
- Mira querida, yo no quiero volver a cuidar cerdos ni nada parecido, ya conozco la ciudad y mucha gente aquí, no tendré problema en encontrar trabajo siempre que tú te vengas conmigo, ¿qué me dices?
- Que pienso igual, tenemos que buscarnos una vida mejor, somos muy jovenés para quedarnos ahí estancados, además si tenemos hijos quiero que puedan estudiar ya que nosotros no pudimos.
Nos besamos y dijo:
- Claro que tendremos hijos, por lo menos 10.
Puso cara de terror para hacerme reír, siempre me reía mucho con él, decía que le encantaba mi risa...
Por las noches, rememoraba todo para animarme. Pensaba, ¿qué tengo yo para que me quiera tanto? Habrá conocido chicas en estos 4 años lejos de mí...

El año siguiente nos "juntamos", según la regla absurda y ridícula que consistía en que el chico venía de noche a casa y la chica se iba con él a su casa. Al día siguiente se corría la noticia y ya eramos marido y mujer. Muchas parejas se hacían viejos sin casarse nunca.
Nosotros nos fuimos a Lisboa inmediatamente. Mi novio ya trabajaba de revisor en los autobuses y había alquilado una habitación en casa de una pareja mayor sin hijos. Extrañamente no había muebles, pero decidimos comprarlos, diciéndonos que cuando tuvieramos nuestra casa los llevaríamos. Manuel los pagó al instante, había estado ahorrando mientras vivía con la tía Emilia.

Yo empecé a trabajar para una boutique de bebés, me pagaban por pieza y bien. Fuimos tan felices, por fin estabamos juntos e independientes. Nos gustaban las mismas cosas, los libros, el mar, el cine, tenerlo todo ordenado y bajo control...

A los pocos meses, echamos el ojo a una casa. Fuimos a verla, era una casa de 3 dormitorios, salón, cocina y cuarto de baño, con un pequeño jardín  delante,  muy barata, porque la gente de repente solo querían pisos de reciente construcción, era como una moda.
A nosotros nos gustó, fuimos al banco a ver si nos hacían el préstamo y aparentemente no había ningún problema. Manuel tenía 23 años, estaba respaldado por una empresa fiable y un sueldo decente. Convenimos no decir nada a nadie por si acaso...
Yo no lo había pensado, pero mi novio sí.

- Mi amor, hay algo importante que tenemos que hacer antes. -Ante mi mirada interrogativa- Casarnos querida, si todavia me quieres, para que lo que compremos sea legalmente de ambos.

Nuestras madres pronto nos solucionaron el tema del papeleo, era fácil, habíamos nacido en el mismo lugar y bautizados en la misma iglesia... Marcamos el día y la ante víspera cogimos ese autocar que tardaba todo el día en llegar... Llevábamos un pequeño lector de música y una sola cinta. Aún recuerdo fragmentos de la misma canción que escuchamos varias veces compartiendo auricular.

Por primera vez hacíamos el viaje de Lisboa a nuestra tierra juntos. Felices e ilusionados nos pareció corto el viaje.

Esa noche dormimos en casa de sus padres. Por la mañana él se levantó primero que yo, aunque estaba despierta observándole mientras se vestía. Y cuando ya estaba listo, yo siempre tan discreta, como si supiera que era nuestra despedida, abrí los brazos y le dije:
- Ven aquí.
- ¿Adonde?-Ya poniendo sus mímicas.
-A mis brazos.
-¿Ahora?
- No seas tonto, solo quiero abrazarte.
Se tumbó a mi lado, nos abrazamos un momento, me acarició el pelo de esa forma tan suya, los dedos entreabiertos deslizando suavemente desde la raíz a las puntas, siempre varias veces. Me susurró al oído. "Te amo". Se levantó, y dijo en tono normal, guiñandome el ojo: "Nos vemos en una ó dos horas en tu casa".

*Pocas veces me llamaba por mi nombre, era "querida" ó "mi amor".


Luego me levanté, hice la cama y fui a la cocina a dar los buenos días a mis suegros, estaban sonríentes, contentos de  ver la felicidad de su primogénito (Manuel tenía una hermana y un hermano), ver que se casaba con una chica de la aldea que conocían de siempre. En esa época eso era importante. Ignorantes los tres de la tragedia que se nos venía encima. Me tomé un café con ellos y me fui a mi casa, al contornar la plaza donde se reunían los hombres, le vi de refilón saludando a todos.

Luego todo fue una pesadilla.
Pasaron las 2 horas y no venía ni estaba en la plaza, ni en su casa. Me dijeron que había ido en la moto de alguien a fijar la hora de la boda con el cura. Desde ese momento me puse muy nerviosa, no paraba de decir que no me lo creía, que mi novio no se hubiera ido a ninguna parte sin avisarme y mucho menos fijar la hora sin consultarlo conmigo. Nada era normal. Al rato dijeron que había tenido un accidente, yo cada vez más nerviosa, ya me dolía todo el cuerpo... Luego dijeron que había muerto. Yo estaba en la calle y vi a mis 2 hermanas pequeñas que bajaban la calle llorando... Se confirmó el horror, sin darme cuenta, no sé quienes me quitaban la ropa, y me vestían de negro mientras yo seguía diciendo que no era verdad, que quería verle.

Me decían que no le podía ver hasta el día siguiente, cosa que hasta hoy no entendí. No sé como pasé la noche, ni sus padres. Por la mañana, no sé como llegué al hospital que estaba a 8 km, ni quien venía conmigo, ni de sus padres y hermanos ni de nadie. Solo recuerdo su cuerpo rígido, sus labios helados, su pelo ensangrentado. Me vi cortando un rizo del pelo que estaba limpio, no recuerdo haber pedido tijeras pero pienso que sí porque todavia guardo ese cabello en el mismo papel junto con sus fotos.

Luego el cementerio lleno de gente, muy triste. Teníamos que estar en la iglesia casándonos y estábamos en el cementerio, él muerto y yo deseando con toda mi alma haber muerto con él. Me sentía tan, tan sola...

En ese instante dejé de creer en Dios.

Yo tenía 20 años y 4 meses y a Manuel le faltaban 4 meses para cumplir 24 años.

PD: Al final de ese año, con el primer dinero ganado en el extranjero, por intermedio de mi madre, compré el terreno donde estaba enterrado mi novio y le puse una lápida, que también eligió mi madre. Más tarde, cuando falleció su madre le cedí a la familia esa adquisición donde hoy reposan Manuel y sus padres. Mi padre estaba fuera, tanto cuando murió Manuel, como cuando me atropellaron.

Nunca supe por qué no llevaba casco ya que él era muy responsable ni porqué actuó de una manera que no correspondía nada de nada con su forma de ser. Ni la hora que había marcado para la boda porque ya venía de vuelta cuando se salió de la carretera en una curva y tenía que estar ahí esa piedra.

Creo que aún somos leyenda en nuestra aldea... 
http://adiliaaires.blogspot.com.es/2015/12/cartas-de-amor.html

(Escrito con la mirada)


2 ene. 2017

Una historia de amor (2ª parte)

Después de estas palabras, me quedé triste y pensativa. Manuel ya no pasaría en bicicleta por cualquier sitio donde supiera que estaba yo, solo para verme y saludar con la mano.

Entonces, allá por los años 60, si nos veían hablar con un chico en la calle ya eramos unas descaradas. Chungo lo teníamos...
Efectivamente Manuel me escribía a diario, cartas de 2 ó 3 folios escritos por los 2 lados. Recuerdo que me preocupaba el gasto que hacía en sellos de correo, le dije que no hacía falta escribir tanto pero él seguía...

Ese año en la campaña de recogida de la aceituna, no sé si 3 ó 4 semanas, había un chico de otro pueblo, mucho mayor que yo, que me perseguía día y noche. Literalmente era acoso.
Le cogí tal manía que estaba deseando volver a casa para leer las cartas de Manuel y decidida a decirle cuanto había pensado en él, en el último mes. Nos hicimos novios por cartas cuando yo acababa de cumplir 15 años.
 Oficialmente novios, cuando venía de permiso ya podía venir a casa y sentarse a mi lado, mirarnos y hablar sin intromisiones.  
Así estuvimos más de 3 años, viéndonos solo cuando le daban unos días de permiso. Tuvimos dos peleas por mi culpa, porque quería que viniera más a menudo. Aún sabiendo que no dependía de él, me permitía esas tonterías porque sabía que me aguantaba cualquier cosa. Justamente estábamos en una de ellas, cuando me atropelló un coche en Faro, donde estaba trabajando en las huertas. El coche iba a 120 km/hora y salí mal parada... Reboté sobre el parabrisas y caí a la carretera. Todos los que presenciaron el accidente, incluidas mi madre y mi hermana gemela, me dieron por muerta. Pero me desperté en el coche que me llevaba al hospital. Oía a mi madre llorar y decir que me habían matado, pero no podía abrir los ojos, ni hablar ni moverme, aunque intentaba hacer algo para que mi madre viera que estaba viva, no podía...

Estuve 3 ó 4 días en el hospital de Faro, donde no me hicieron nada para reducir la fractura de los 2 huesos de mi pierna izquierda, y donde las monjas me llamaban "niña mimada" por llorar de dolor y no tener ganas de comer. Eran malas.
Cuando mi madre, aconsejada por una chica del pueblo que trabajaba ahí, decidió trasladarme en ambulancia a Lisboa, las oí decir: "Vamos a lavar a la niña porque se va a Lisboa".

Llegué de noche al hospital de San José. En la puerta me esperaba mi tío, bombero voluntario de Estoril, que me animó mucho. Efectivamente, este hospital nada que ver con el sitio lúgubre de donde venía. Enseguida me hicieron radiografías, análisis, me inmobilizaron la pierna y me dijeron que había que operar, que no me preocupara que iba a quedar bien.
Recuerdo que me preguntaron mi edad y dije 18 años, se miraron y dijo uno: "Está aturdida, esta niña tendrá 14 años". No insistí, estaba agotada...

Mi madre se fue la mañana siguiente, tenía 6 hijos más que atender y sabía que mis tíos estarían pendientes de mí. Al otro día, a la hora de la visita, estaba mirando la puerta sin esperar a nadie, cuando le vi entrar... Impecable en su uniforme de marinero, venía hacia mí sonríendo y de repente me dió una llorera imparable. Manuel se sentó a mi lado, acariciando mi brazo, diciendo bromas, pero yo seguía sollozando, a tal punto que él fue a buscar a la enfermera, la encantadora Teresa, que desde el primer minuto se encariñó conmigo. Vino y dijo: "No le voy a dar nada, es bueno que suelte la tensión acumulada en estos días".
Sonó el timbre que avisaba a las visitas para salir y yo aún no había dicho nada... Manuel hablaba solo. Me dijo: "No llores más que voy a pensar que no quieres verme, estás guapisima, creí que ibas a tener heridas y vendajes tipo momia, que cabeza más dura tienes... Por favor no juegues más al fútbol con los coches". Y me arrancó la primera sonrisa...

Menos mal que Teresa nos dijo que se podía quedar. ("Ahora que ya te ha pasado la crisis nerviosa").
- ¿Cómo sabías que estaba aquí, si llegué anoche? Ni siquiera pensé que supieses del accidente.
Evidentemente no había móviles, ni siquiera un teléfono en la aldea, la única manera de enviar una noticia urgente era el telegrama, y siempre eran malas noticias...  
- Querida, yo siempre sé lo que te pasa.  
- ¿Cómo? ¿Es que me tienes espiada?
CONTINUARÁ...

  (Escrito con la mirada)

26 dic. 2016

Una historia de amor (1ª parte)




Un trozo de mi juventud del que hasta ahora, y aún que han pasado 46 años, no podía hablar...
Hoy que mi vida se puede acabar en cualquier momento, pienso que es una pena no compartirlo con mis lectores y enterrarlo para siempre.

También quiero que mis hijos, que nunca me han hecho preguntas, no se queden con la duda de porqué nunca les he hablado de esta parte de mi vida. Simplemente lo he guardado...

Manuel y yo nos conocíamos de toda la vida, como suele suceder en las pequeñas poblaciones. Además casi todos son familia, yo misma tenía en la puerta de al lado una tia y cuatro primos, 2 chicos mayores y 2 chicas, una de la edad de mi hermana Maria y la segunda como nosotras, las gemelas. Juntas formábamos un grupo de 5 chicas imprescindibles para cualquier evento juvenil.

Entonces, el graduado de Educación General Básica, eran 4 años, entrábamos con 7 años y el que no repetía salía con 11. Y luego, los niños a ayudar a sus padres en el campo y, las niñas, a las tareas domésticas: lavar la ropa a mano, amasar el pan de la semana, limpiar, planchar, hacer los mandados, y en los momentos libres coser, tricotar, bordar y cuidar a los hermanos.

Un día vinieron mis tías, que estaban sirviendo en "una buena casa". Querían llevarse a mi hermana María, que tenía casi 14 años, para cuidar a los niños de la casa, con toda la buena intención de ayudar a mi madre. Pero mi hermana se negó rotundamente y yo que estaba presente, ví la cara de mi madre que no la iba a obligar, pero que le venía bien una boca menos y una ayuda de dinero... Entonces dije casi sin darme cuenta: "Puedo ir yo".  Todos me miraron, y una de mis tías dijo, eres muy chica pero te vienes con nosotras a pasar unos días y ya veremos...

Así fue como pasé 2 años fuera de casa, lejos de mi familia y amigos. Le enviaba todo el dinero a mi madre, porque me daban la comida y entre mis tías y la señora de la casa me compraban la ropa. Recuerdo cuando me vino la primera regla, y cuando mi tía Irene, muy hábil para la costura me hizo mi primer sujetador, de cuadritos azules y blancos.  Es curioso cómo recordamos cosas tan insignificantes...

El caso es que me mimaban más que en mi casa. Así que cuando después de cumplir 13 años anuncié que quería volver a mi pueblo, fue como si hubiera hecho estallar una bomba. Nadie entendía porqué quería irme de Estoril a una aldea perdida en medio de la nada... ¿Pero por qué y por qué y por qué? Yo lo había meditado muy bien (ó sería el destino que me empujaba). Solo sabía que no quería ser una criada el resto de mi juventud. Ya tenía edad de trabajar en el campo y me fui... ¿Estais pensando qué niña tan responsable? Es que nos inculcuban desde niños la idea de que eramos una carga, que había que buscarse el pan y salir de casa antes de los 20 años. Pobre chica que cumplida esa edad no tuviera novio... Ya era un bicho raro...

No fue mi caso, se había ido una niña y volvía una adolescente seria y centrada. Los chicos me miraban, pero Manuel no dejó que nadie se le adelantara, empezó por enviarme cartas a través de cualquier niño a cambio de 20 centavos, yo no contestaba pero cuando nos cruzábamos en la calle él sabía que las leía, esas cosas se notan...

Así empezó nuestra historia, él tenía 16 años y yo 13.

Al principio yo pensaba que era muy jovencita para tener novio y tampoco sabía si él me gustaba. Fue pasando el tiempo e iba comparando conversaciones y actitudes de otros jóvenes y definitivamente, para mí, era el más interesante. Él que mejor escribía, el que tenía las ideas claras, el más sincero, el más todo. No era el más guapo, pero sus ojos reflejaban inteligencia y lealtad.

Un día ya tenía yo 14 años, me envió una nota que decía más ó menos esto: "Tengo que decirte algo muy importante y urgente, sal a la puerta de tu casa que pasaré en bicicleta". Así lo hicimos, y me dijo casi sin respirar, no fuera a venir alguien: "Me alisté en la Marina y me han llamado, son 4 años, te escribiré todos los días, vendré cuando pueda, espérame y nos casaremos cuando vuelva". Por fin pude hablar y dije, con una sonrisa para atenuar mi respuesta: "Pero si no somos novios". Me dijo: "Haré que me quieras porque para mí no existe otra chica, por favor escríbeme". Y se fue porque de mi casa salía alguien, no recuerdo quien.

CONTINUARÁ

(Escrito con la mirada)

29 oct. 2016

El abuelo Ángel (2ª parte)


En agosto de este año, se cayó en su casa y no sé porqué no se pudo levantar, ni atinó a pulsar el botón de tele asistencia que llevaba colgado al cuello, ni a coger el móvil que siempre llevaba en el bolsillo. Cuando nos dimos cuenta de que había pasado la hora del abuelo y que no había llamado ni contestaba al teléfono, Rosalía se fue corriendo a su casa y vaya susto, pobrecita... 
Aparentemente no se hizo daño y se negó a ir al hospital. La cosa no fue a más, aunque Mylena seguía diciendo que estaba raro. 
Días después, se volvió a caer inexplicablemente, y esa vez, de tan avisado que estaba, sí que le dió al botón, inmediatamente nos llamaron y Lisardo se fue corriendo a ver... Le convenció de ir al hospital, donde le
dejaron en observación. A los 3 días le querían enviar a una clínica privada (Ángel tenía un seguro privado). Le tocó a Mylena pelear para que le llevaran a San Lázaro, que está al lado de casa. Ahí estuvo 2 semanas, y todos se turnaban para estar lo máximo de tiempo con él. Ahí le vi por última vez. Aún tengo la imagen clavada en mi mente. Me enviaba besos con la mano y a mí se me caían las lágrimas, porque cuando entré, lo vi tan mayor, tan desvalido, que pensé que de allí no saldría... 

Pero salió, aún estuvo una semana en su casa. Nosotros teníamos claro que ya no podía estar solo y gracias a la ayuda de Cris, mi ayudante enfermero, rápidamente encontramos 2 personas disponibles al momento. Mis hijos "Jon vino unos días a Sevilla", menos mal porque el abuelo todos los días preguntaba cuando venía, quería pagarle el avión, pero no se trataba de eso, mi hijo tenía compromisos de trabajo. Me decían que iba cada día mejor, incluso empezó de nuevo a andar... Yo le mandé decir que no podía ir a verle porque mi silla no cabe en el ascensor, y él decía que pronto vendría él, como antes... 

No fue así. El domingo por la noche fue Rosa a verle y el lunes llamó diciendo que estaba muy estreñido. Mylena avisó al médico, que vino y le recetó un enema, se lo puso el cuidador, sin resultado, el abuelo seguía igual. Mi hija llamó al hospital que mandaran una ambulancia, recuerdo que ese día ambas lloramos de impotencia. Otra vez en observación... Cuando fue Rosa a verle y hablar con el médico le dijo que el abuelo estaba muy grave...  que había entrado en coma, pero mi hija dice que le apretaba la mano. 
Ella fue la última en verle con vida. Antes de las 3 de la madrugada, llamaron a Mylena... Ángel había fallecido, parece que de un infarto intestinal. Nunca lo había oído, y aún me hago preguntas... 

Sí, soy su única heredera. Hace años que su piso está al nombre de mis tres hijos, Ángel quería ponerlo a mi nombre, pero para qué, si lo que yo tenga será para ellos tres... 
También heredo una plaza de garaje y la parcela de los litigios, herencia de su padre, que Ángel se empeñó en conservar y que tantos disgustos y dinero le costó... 
En la actualidad ese trozo de terreno es invendible pero me da igual, que mis hijos hagan lo que quieran cuando yo me muera. 
Por lo demás, hace tantos años que soy cotitular de su cuenta que solo puedo agradecer su confianza en mi honestidad. Él sabía que jamás hubiera tocado un solo céntimo de su dinero. 

Ángel, tenemos que reformar enteramente tu casa para poder alquilarla, pero tus fotos y objetos personales están en buenas manos.
Nunca te olvidaremos abuelo. 

P D. He olvidado decir que desde 2004, mi horario pasó a ser de 9 de la noche hasta las 3 de la tarde del día siguiente. Angel me dejaba salir de 7 a 10, para ir a canal sur radio. También me dió el sábado libre en el momento en que le conseguí alguien decente, y con la seguridad de que me podía llamar para cualquier problema.

 (Escrito con la mirada) 

18 oct. 2016

El abuelo Ángel (1ª parte)

Ángel me eligió, entre las candidatas al empleo, de cuidadora de noche para su esposa, pese a que yo le dije que no me comprometía, que nunca había hecho un trabajo así y que no sabía sí podría trabajar de noche. 
Pronto me di cuenta de que era difícil pero no imposible. Además estaba al lado de mi casa y yo nunca he desistido de ninguna tarea por ardua que fuese, y necesitaba el dinero. 
¿Quién me hubiera dicho entonces, que mi familia y yo seríamos los únicos asistentes a su funeral 15 años después..? 


Ángel era creyente y decía que Dios me llevó aquel día a su casa. Hoy le devuelvo la frase porque cuando enfermé él me brindó su ayuda incondicional, hasta el último momento de su vida. 

Cuando empecé a cuidar a Lolita, la casa era un cáos. Había una señora de 72 años, la misma edad que tenía el abuelo. Ella le dijo a Ángel que tenía 62 porque creía que si decía su edad no conseguiría el trabajo, curioso porque Ángel siempre pedía fotocopias del DNI... Y es que el pobre no veía "tres en un burro". Estaba desorientado, asustado, obsesionado, paranóico y perdido.  

Josefina, la señora de 72 años, venía a las 11 y se iba a las a 7 de la tarde. Yo entraba a las 9 de la noche y salía a las 9 de la mañana (para irme a otro trabajo). Josefina era buena persona pero no tenía iniciativa, cumplía estrictamente las órdenes del jefe, y a mí pronto me quedó claro que el pobre jefe no tenía la menor idea de cómo llevar la casa, ni de los precios , ni de nada.
Se había ido a una residencia cuando se dio cuenta de que su esposa hacía cosas raras. El día en que la llevó al médico llevaba varias faldas puestas, unas sobre otras. Le diagnosticaron alzheimer en estado muy avanzado. A Ángel se le vino el mundo encima... 

Con su impulsividad, que tantas veces le jugó malas pasadas, se trasladó con muebles y bienes a una residencia gestionada por monjas. No os paso los detalles de la estancia para no entretenerme, que no por falta de interés... 
Pronto se peleó con las monjas y decidió volver a su piso, donde le conocí un año más tarde. En ese año, han pasado por su casa cuidadoras de todo tipo, edades y nacionalidades. Se quedaban unos días y huían despavoridas, y es que Ángel tenía muchas manías, se había vuelto taciturno, desconfiado y poco sociable. Algo de razón tenía porque todas las joyas de Lolita habían desaparecido, incluida su alianza, hay que tener mala sangre... 

Mi primer logro fue convencerle de operarse de cataratas, primero un ojo y luego el otro. Eso le cambió la vida y el humor, porque de no ver nada pasó a ver perfectamente, además comprobó que podía salir, que a su esposa no le pasaba nada.     
El segundo paso fue conseguir que encendiera la tele, él decía que Lolita se asustaba pero yo estoy segura de que era porque no veía. Como yo era muy comunicativa, le iba contando mi vida y poco a poco este hombre que parecía mudo, empezó a hablar... 

Josefina hacía 2 veces en semana el mismo cocido, que a mí me daba náuseas cuando se lo tenía que dar a Lolita para cenar. Ángel cenaba un cubito de caldo con agua calentado en el microondas y una loncha de mortadela con pan, siempre lo mismo. Y me decía que no quería más nada. No me lo podía creer... 
Sus ropas estaban usadas y muchas prendas rotas y sin botones. Empecé a pensar que tenía dificultades para pagarnos. Yo descansaba el domingo, creo que Josefina también y había una tercera persona para sustituirnos. Total que empecé a llevar de mi casa, un trozo de tortilla, una sopa de verduras, unos guisantes con jamón, etc... 

Las primeras Navidades le dije a mi compañera que yo haría la cena de Nochebuena y la comida del 25 para ellos 3, ó 4 si quería que viniera su marido... Hice un pequeño mantel blanco y 2 servilletas a juego para los dos abuelos. Me pasé la tarde cocinando para todos, y no olvidaré a Ángel cenando su caldo casero, su pavo relleno con verduras y patatas doradas, su copa de buen vino y un postre, mientras yo le daba a Lolita su plato, me dijo 3 veces "Todo está exquisito". Luego yo me vine a cenar con mis hijos y volví con ellos. Era una constante carrera... 
En nochevieja se repite la historia, además que un poco antes de la medianoche, me puse a pensar en los abuelos... Y acabamos en su casa con el champán y las uvas... 
Esto se repitió durante años, hasta que falleció Lolita el 25 de julio de 2008. 

En esos años, Angel acabó delegando en mí toda la responsabilidad de la casa. Josefina perdió a su marido en marzo de 2002 y dejó el trabajo. Desde que estoy enferma perdí el contacto con ella... Cuando murió Lolita yo estaba convaleciente de una fractura de columna (era el principio de la ELA). Le pregunté al abuelo si quería que avisara a la familia, aunque sabía la respuesta, y ante un no rotundo, mi hija hizo los tramites del funeral al cual asistimos nosotros y las 2 sustitutas.    
Estoy convencida de que este hombre no hubiera sobrevivido sin nosotros. Venía todas las tardes a mi casa y los fines de semana venía a comer y se quedaba hasta la noche. Cualquier problema que tuviera, entre todos lo resolvíamos. 
Ángel que no tuvo hijos de repente tenía nietos y más tarde bisnietos, fue feliz con nosotros, ya no estaba solo... 

CONTINUARÁ...

(Escrito con la mirada)