18 may. 2010

Nuestras mascotas... (1ª parte)


Esta tarde estoy aburrida, y aunque no tengo ningún tema en la mente, voy a echar mano de mi blog para matar el tiempo esperando que me llegue la inspiracion.
Por aqui anda mi perrita Telma que ahora se tiene que conformar con sentarse sobre mis pies. Seguro que se pregunta porqué ya no puede subir a mi regazo y porqué ya no le hablo. Parece mentira que lleve con nosotros 10 años! Yo jamás quise tener animales, no porque no me gustasen, simplemente que con los niños el trabajo y la casa tenía ya bastante que hacer como para ocuparme de un perro. Cada vez que salía el tema mi respuesta era un "no" categórico, hasta que un día un cliente se presentó con una cosita minúscula que solo tenía cabeza. Su perra había muerto en el parto y él intentaba salvar a los cachorros.
No sé porqué ha pensado en nosotros, el caso es que sin saber cómo, me veo buscando la forma de alimentar a este animalito. Fue complicado porque Toby (como ya le habían bautizado mis niñas) se negaba rotundamente a beber con el biberón. Al ver que nos chupeteaba las manos decidimos que si formando concha con la mano y echando ahí la leche era la única manera, así lo haríamos. Más tarde pasamos al jamón de york picado, queso y otros manjares. En un primer tiempo pensé que no sobreviviría (solo tenía 2 ó 3 días cuando la trajeron) pero ella salió adelante contra todo prognóstico y pasó a formar parte de la familia.
Al principio la encerraba en el baño con miedo de que alguien la pisara. Era tan pequeña que una mañana al levantarme y ver la puerta del cuarto de baño abierta, me puse a buscarla por toda la casa diciendo su nombre, en un momento paré delante del dormitorio de Jon y ví su vaquero en el suelo, mientras pensaba en lo "desastre que es este niño", ví como nuestra mascota salía del bolsillo delantero del pantalón de mi hijo.
Durante 5 años no nos separamos de ella. En el verano de 2000, ocurrió que hicimos un corto viaje, y como Jon se quedaba la dejamos con él. Al volver a casa 3 dias después nos dimos cuenta que había hecho pipí en nuestras camas. Así empezó el problema, intentamos por todos los medios curar esa costumbre pero apenas nos descuidábamos volvía a las andadas. Una noche mis hijas querían decirme algo y me eché con ellas en la cama. Dejé la puerta de mi cuarto abierta con intención de volver pero como estaba cansada me dormí con ellas.
A la mañana siguiente cuando ya los niños se habían marchado a sus clases, de pronto me doy cuenta que mi inseparable compañera no estaba.
La busqué por todas partes, pusimos carteles por todo el pueblo, pero todo fue inútil. He llorado y la eché en falta mucho tiempo. Juré que no volvería a tener un animal.

3 comentarios:

  1. Ya estaba echando de menos tus cosas. Bueno me sabe mal lo del perrito, yo no tengo ninguno y mis hijos siempre están con la tabarra...de momento voy ganando. No porque no me gusten pero vivimos en un piso y lo veo complicado. Veo que después de Toby tuviste a Telma, ya nos contarás...Seguro que Toby encontró otro hogar..donde fuera y Telma correteará feliz a vuestro lado. Un beso. Mari Carmen.

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  2. Hace poco, como ya sabes, Orco murió, la verdad es que lo echo mucho de menos, estaba muy unida a él. Hay poco gente que pueda enterlo; cómo se puede querer tanto a un animal.
    Tras su operación, juré no volver a tener otro perro, no quería con el tiempo pasar por lo mismo. Pero ya no agunto más, para mí, es una forma de vida, te llenan de alegría cuando vuelves a casa, te obligan a pasear y difrutar del paseo, nunca se separan de tí... te ofrecen un amor incondicional.

    La perra de mi vecino (que mal suena), ha tenido cachorritos, y al final, he decidido quedarme con uno de ellos.
    Esta es la vida, unos van y otros vienen, lo que hay que tener claro es que hay que disfrutar del momento y de la gente que nos rodea lo máximo posible.
    Un beso para ti preciosa, y otro para Telma.

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  3. Pobre Toby... Qué lote de llorar nos dimos...
    Pero ahora le dedicas un "capítulo" en tu blog como señal de que siempre tendrá un lugar en nuestros recuerdos y también en nuestros corazón.
    Hay gente que no puede entender este amor por los animales, pero da igual, su problema es.
    Las personas sensibles tenemos la capacidad de quererlos y de echarlos MUCHO de menos cuando ya no están...
    Y eso es bonito y demuestra que somos humanos.

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